Diario de León
Publicado por
PEDRO V. ÁLVAREZ COLLAR
León

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LAS FIESTAS veraniegas dicen mucho acerca de un pueblo. Nos indican el grado de implicación que sus gentes tienen en estos actos lúdicos, así como la alegría con que se llevan a cabo. Aquí por estos valles perdidos, antaño, la no celebración de unas fiestas mayores por un rifirrafe entre un vecindario y un alcalde, acabaron con el abandono del nombrado alcalde, en las siguientes elecciones municipales, del bastón de mando, ante la pérdida de la absoluta mayoría con que contaba. Verdad es, que eran otros tiempos y otras gentes, aquellas que poblaban el valle por entonces. Gentes menos sumisas, más reivindicativas, de aquellas que no doblaban la cerviz fácilmente. Hoy, una abulia generalizada parece haberse apoderado de nuestros pueblos, y nos da igual ocho que ochenta. Las fiestas mayores de Laciana, o las que deberían serlo, las fiestas de San Roque han finalizado sin pena ni gloria, que es lo más triste que podría decirse de unas fiestas veraniegas. Posiblemente, al equipo de gobierno actual poco le preocupará si su escaso éxito le traerá consecuencias futuras o no se las traerá, en unas cercanas elecciones municipales. Más que nada, porque parecen tener mucha prisa por abandonar el bastón de mando, que tienen en estos momentos cogido como por compromiso. Pero parece ser que otros que podrían y deberían tomar responsabilidades, claro está si Laciana les importara algo, no están por la labor de hacerlo. Comprensible es sabiendo el desgaste que van a sufrir aquellos que lleven el timón en el Valle durante estos dos años que faltan para las municipales. Pero parece que nos estamos yendo por las ramas, cuando lo que queríamos era tratar la racanería de nuestras fiestas mayores. Decía entonces, que era notorio que las arcas municipales no estaban para dispendios, que era un acto de cordura, el no tirar la casa por la ventana gastando lo que no había. Pero también decía, que se podría y debería compaginar imaginación con esa falta de presupuesto. Si un ayuntamiento como el lacianiego, dispone de un gran número de empleados que bien podrían realizar funciones de organizar unas fiestas como las de San Roque, con el suficiente tiempo, malo sería que cuando llegase agosto no se hicieran unas fiestas grandes. Pero si por el contrario todo se hace a carreras, tarde casi siempre pues podría ocurrir, que llegado el momento no haya en fechas tan señaladas ni una actuación de renombre que traer a Villablino. Por eso digo que las fiestas de San Roque, que deberían de ser el espejo en el que se mirasen todos, podrían y deberían de ser algo grande, pero no es así. Cada año que transcurre, las fiestas se van empequeñeciendo, y a no ser por el Concurso de Entibadores (labor minera en clara decadencia); el Gran Premio de Karts, algo de lo que Villablino puede alardear de ser pionero; Los bailes regionales, siempre presentes y la actuación del grupo celta local Tsuniegu, poco o nada más digno de reseña hay. Bueno, alguien me dirá que está la actuación de Medina Azahara, grupo de rock andaluz, que tuvo sus éxitos allá en los años ochenta y que hoy, poco o nada suenan en los ámbitos rockeros hispanos. Y también las actuaciones de los televisivos Silvia Pantoja, Raúl y un etcétera de cantantes de éstos que actúan en las mil galas televisivas veraniegas al uso. Pues bien, si esto es lo mejor que se podía hacer con las fiestas mayores del Valle de Laciana, bien poco es. Por eso digo, que todo ello pasó sin pena ni gloria. Si unas fiestas son el espejo del estado de ánimo de los habitantes del lugar, diremos que Laciana se encuentra en un estado de tristeza alarmante...

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