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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO HERMANO: Ajetreada al máximo; así tenemos la vida en estos días los astorganos que, sin embargo, en algunos aspectos se ha quedado paralizada. Pues sólo pensamos en fiestas, cuya riada se inició con el sentido y bello pregón que pronunció nuestro común y entrañable amigo Benito, Escarpizo. Finalizarán allá por el 28 y hasta entonces sudores y apretujones, poco laboreo y mucho verbeneo. Fíjate que hasta las obras del eje monumental hacen un parón. O sea, Astorga cerrada por fiestas. Y mira por donde, hermano, echando una ojeada a programas festivos de hace un siglo encuentras, por ejemplo, que la Compañía de Ferrocarriles hacía precios y viajes especiales desde Salamanca, o León, hasta Astorga para que los aficionados pudieran acudir a los festejos taurinos de esta noble ciudad. También a la inversa. Ello me ha hecho reconsiderar la extraña situación de la que nosotros decimos línea del Oeste, la de Salamanca que los astorganos llamábamos la del «Maragatanian expres»; a la que el PSOE dio matarile, puso candado, allá por 1985. Entonces los trenes dejaron de circular; la Junta de Castilla y León no movió una brizna del balasto, nada ha hecho por resucitarla; y el PP, mientras tuvo el gobierno central se olvidó de su existencia. En la primavera del pasado año, en plena fiebre electoral, al actual presidente Rodríguez Zapatero prometió solemnemente que tal línea se reabriría; también los populares lo presentaron como un proyecto estrella con el que se iba a dinamizar el Oeste español como si fuera el americano cuando la fiebre del oro. Pero, ay hermano, visto lo visto mucho me temo que aquellas promesas eran solamente fuego de artificio, un engañabobos, un simple caramelo envenenado. Te cuento para que entres en situación, poniendo por delante la gran decepción que me embarga. A la vez me pregunto como coños prometen reactivar ese ferrocarril. Verás. Anda el ministerio de Fomento, el de esa señora tan desconocida que apellida Álvarez, o algo así, tras de una obra circunvalatoria de la N-120 en los alrededores de Astorga. Pretenden eliminar los pasos a nivel, y de ahí el prodigio que es una nueva muralla para la Vega del Tuerto y alta cota para salvar la línea de Palencia a La Coruña, que aquí decimos del Norte, así como el cauce de la histórica Moldera. sEl pasmo, el cabreo, sí, la mala sangre te salta cuando han llegado al fenecido ferrocarril del Oeste, del que hace poco más de un año todos decían estaban dispuestos a resucitar cual nuevo Lázaro. Y los tontos de Astorga hasta nos lo creímos. Pues no, hermano; no tienen esa intención, ni mucho menos. Resulta que en llegando la obra a la tal vía férrea, donde se debía instalar otro paso superior de la carretera, el ministerio ese de Fomento fomenta la desaparición del ferrocarril. Ni paso elevado, ni leches; la nueva carretera corta la vía; no habrá paso a nivel siquiera; simplemente han arrancado los raíles y traviesas, los han amontonado a ambos lados y carretera va. Lo cual quiere decir, hermano, que las estaciones de Astorga, la una abandonada, con promesa de puesta en servicio y la otra capitidisminuida, van a quedar sin conexión. Lo cual quiere decir, por supuesto, que ese proyecto de recuperación es pura filfa, burra ciega, coja y con mataduras que todos nos vendieron en periodo electoral. Dime tú, si no, a que viene ese corte incomprensible que se está realizando. Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención, querido, es que hasta ahora nadie, absolutamente nadie, ni instituciones, ni particulares se hayan percatado del desmán, del bodrio que están realizando y del nulo porvenir que ese ferrocarril tiene con estos precedentes. Lo mataron en 1985, porque era suyo; ahora, 20 años después, lo están enterrando. «Consumatum est»

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