Diario de León

Las dos partes negocian soluciones para mitigar los efectos del cierre de la actividad

El Ayuntamiento no plantará cara a Ebro aunque derribe la azucarera

El consistorio niega haber concedido el permiso para la demolición, pero no quiere conflictos

Aspecto que presentaba ayer tarde la antigua azucarera de Veguellina, en pleno derribo

Aspecto que presentaba ayer tarde la antigua azucarera de Veguellina, en pleno derribo

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Emilio Á. Prado - corresponsal | veguellina
León

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El alcalde de Villarejo de Órbigo, Carlos Mayo, negó ayer que el Ayuntamiento que preside haya concedido licencia de derribo a la compañía Ebro-Puleva para la demolición de los edificios de la antigua azucarera de la localidad, tal como se venía barruntando entre la población durante los últimos meses, si bien reconoció que, en caso de que la empresa acometa la demolición de los inmuebles, no ejercitará acciones legales. «La licencia que se le ha concedido a la empresa que se hará cargo de las labores de retirada de la chatarra que aún permanece en el interior de los inmuebles, solamente permite actividades de estas características. En ningún caso se extenderá al derribo de estructura alguna en cualquiera de los edificios a los que afecta» recalcó Mayo. El regidor afirma que mientras no se llegue al final de las negociaciones que el equipo de gobierno mantiene con la empresa «no se sabrá a ciencia cierta cuál va a ser el futuro definitivo del complejo de la azucarera». Diálogo para la regeneración Las intenciones del consistorio pasan por establecer un marco de diálogo para tratar de recuperar los terrenos sobre los que se asientan los restos de la compañía, o en su defecto, negociar la implantación de algún tipo de actividad industrial, para hacer por fin una realidad la promesa de Ebro Puleva de desmantelar la empresa a cambio de implantar otras actividades de características similares, que pudiese colaborar en la tarea de regenerar el tejido industrial y el empleo de la comarca, así como la economía por añadidura. La azucarera de Veguellina cerró sus puertas hace diez años, a consecuencia del proceso de reconversión que sufrió el sector hace una década, y coincidiendo con una de las crisis más fuertes que sufrió el campo, que ahora.

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