La limpieza y la reparación del soporte, las tareas principales
La restauración del retablo de San Francisco Javier, cuyas obras recibió ayer Jaime Lobo, consistió en la limpieza y la reparación del soporte, según indicó la restauradora Luisa Castillo. Además, las labores incluyeron el tratamiento de grietas y la inestabilidad de algunas piezas, la reintegración de la preparación y el dorado con color con técnica al agua de las lagunas más visibles. Los trabajos «permitieron recuperar el brillo del oro, que es de bastante buena calidad, y conseguir este resultado tan magnífico», explicó ayer Castillo ante la obra, del siglo XVIII. La intervención supuso un desembolso de algo más de treinta y cinco mil euros por parte de la Junta de Castilla y León. La iglesia dispone de otros tres retablos, uno en el altar mayor y otros dos en los laterales más cercanos a éste, todos realizados en el siglo XVIII. Estos lucen menor profusión de dorados y más policromía, aunque Castillo, miembro del equipo de restauradores de la empresa Proceso Arte 8, indicó que, con esta salvedad, los daños que presentaban los cinco eran similares. La mejora de los retablos se enmarca en una adecuación integral de la iglesia que ha incluido, entre otras actuaciones, la renovación del suelo, la eliminación de humedades o la instalación de calefacción de suelo radiante.