| Reportaje | Esos locos bajitos |
En verano también hay escuela
Cerca de sesenta niños y niñas asisten a la escuela de verano, una iniciativa destinada a padres trabajadores que no pueden atender a sus hijos en horario laboral durante el estío
En verano también hay clase, o si no que se lo pregunten a los cerca de sesenta niños y niñas que acuden a diario, desde el pasado 1 de julio, a la escuela de verano. La iniciativa, que tiene lugar en la ciudad por tercer año consecutivo, va dirigida a todos los niños cuyos padres trabajan y no pueden atenderlos en horario laboral. La jornada comienza cada día para estos pequeños a las 8.00 horas, cuando llegan a las instalaciones del colegio Ángel González Álvarez. Allí les esperan tres profesores y dos monitores así como la coordinadora, Pololo, con una lista de actividades divertidas y a la vez educativas. Hasta que todos los niños llegan a la clase, los pequeños se entretienen dibujando, haciendo caligrafía o acabando las tareas que les quedaron pendientes del día anterior. Después realizan las actividades programadas y a continuación hacen un descanso en el que la comba, la goma o los deportes no faltan. Tras este recreo los niños vuelven a las aulas donde siguen realizando actividades y seguidamente algunos finalizan el día mientras que otros comen en las instalaciones. Los romanos y el universo Durante todas las semanas el grupo de profesores, los monitores y la coordinadora organizan una temática que inspirará las actividades. Así, una semana la dedicarán a los romanos -en la que los niños realizarán disfraces y visitarán el mercado-, otra semana estará ambientada en el universo -en la que los pequeños fabricarán planetas y satélites-. Igualmente están planeadas la semana del aire y la semana del fuego, con un viaje al centro de la tierra incluido. Este año existe un especial empeño en que las comidas del comedor sean equilibradas, añadiendo en los menús mucha fruta o yogures. Este servicio beneficiará a los niños, ya que los profesores aprovechan para enseñarles hábitos autónomos a la hora de comer. Otra de las cosas en las que el grupo de especialistas ha querido hacer hincapié es que los juegos no sean competitivos, que los niños aprendan a compartir y que poco a poco vayan familiarizándose con el inglés enseñándoles vocabulario, relacionado con la ambientación, y adecuado a cada nivel. Entre las actividades que desarrollan están los deportes, el cine, las manualidades o las canciones. En concreto, los niños aprenden canciones populares de Joaquín Díaz que luego cantan mientras juegan al tradicional corro. Los niños se suman a las iniciativas propuestas por el Ayuntamiento para este verano pero además tienen actividades especiales fuera del recinto como son las salidas a visitar la ruta romana, el museo del chocolate o la piscina y también las instalaciones de la asociación del alzhéimer, entre otras, para que los niños vean otras realidades. Durante la semana pasada, dos monitoras de consumo estuvieron con los niños realizando talleres de reciclaje con el fin del concienciarlos desde pequeños.