Agricultura cree que la lluvia, el viento y la no desinfección de herramientas propaga la plaga
La Cepeda no podrá aumentar las explotaciones apícolas en dos años
La Junta descarta trasladar las colmenas por el fuego bacteriano que afecta a los frutales

La Junta estima que la actividad apícola no es la causa fundamental de propagación de la plaga
El jefe del servicio de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León, Fidentino Reyero, confirmó ayer que los técnicos de su departamento han descartado trasladar las colmenas de la Cepeda como vía para evitar la propagación del fuego bacteriano que afecta a los frutales de la zona. Reyero consideró que el mayor factor de difusión de la enfermedad radica en la falta de desinfección del instrumental utilizado para la poda de un árbol afectado antes de su empleo en uno sano, así como en la acción del viento y el arrastre de las aguas de lluvia. Reyero precisó que la Junta mantiene la inmovilización de las explotaciones apícolas de la comarca, aunque permitirá la salida de colmenas entre octubre y enero, pero no su vuelta, ni la llegada de ninguna nueva, hasta que no se considere erradicado el foco, «esto es, como mínimo hasta dentro de dos años», explicó. El responsable del servicio de Agricultura consideró innecesario el traslado con las actuaciones de arranque y destrucción de los árboles afectados que la Junta viene realizando y «que estarán terminadas antes de la próxima floración», señaló. Reyero estimó que la actividad de las abejas «puede ser un factor más de propagación (del fuego bacteriano) pero tiene importancia en las épocas de floración arbórea, no al final de ellas», matizó. Análisis en la zona Además, Reyero apuntó que la Junta espera el resultado de los últimos análisis en la zona para conocer si el fuego bacteriano ha afectado o no a más poblaciones de las ya confirmadas. Por su parte, Antonio Silva, presidente de la Asociación Profesional de Apicultores Leoneses, valoró de forma positiva la decisión de la Administración autonómica de no mover las colmenas. «El cien por cien de ellas no son trashumantes, y el traslado suponía muchos trastornos para los apicultores, en su mayoría gente mayor y quizás sin medios adecuados para el transporte», indicó. Silva expresó sus dudas de que la actividad de este animal contribuya a la propagación de la plaga, y su temor respecto a que la problemática surgida con esta especie pueda repercutir en una caída de la comercialización de la miel. Además, Silva consideró que, en caso de que la Junta hubiera decidido movilizar las explotaciones, esta operación quizás habría podido incidir también en una propagación de la enfermedad de los árboles.