Diario de León
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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO hermano: Sí, días calmos -palabra a patrocinar por alguien-, pero intensos los que hemos vivido. Días calmos, como el espíritu del amigo ausente, José Antonio Carro, que cada día nos daba una lección ejemplar. Desde el viernes comparte la recoleta plaza, desangelada en tiempos, donde jugaron él y su hermano Esteban, ahora llamada plaza de los Escritores Carro Celada. Con calma, sereno, serio y sencillo compartirá también, allá, ese título de Hijo Predilecto tan merecido con el que el Ayuntamiento ha querido premiarlo. Su inesperada ausencia obligó a que fuera a título póstumo. José Antonio y Esteban, Esteban y José Antonio, un binomio perfecto, quedarán perpetuando ese espacio calmo, hoy ameno reposo de su plaza infantil. Espero que corporaciones venideras no le toquen el nombre. Calmo e intenso ha sido el hermanamiento con Clavijo, refrendado este fin de semana con la presencia de medio pueblo en nuestra ciudad. Si desde aquel lejano y legendario año de 844, Luis Osórez inició el acercamiento entre las dos localidades entregando un pendón al Concejo astorgano, la réplica ha ondeado para el hermanamiento definitivo. Los de Clavijo, abiertos y generosos como buenos riojanos, señeros y acogedores, han demostrado, una vez más, ser fieles guardianes de la historia; que no hace falta ser muchos para hacer las cosas bien hechas. Hermanos somos y que la historia venidera siga confirmándolo con esa placa que en la Casona se ha colocado. Para ellos el abrazo fraterno, simbolizado en el que se dieron su alcaldesa, Encarna, y nuestro alcalde, Juanjo. Sí, hermano, con las lluvias mil y benefactoras de este mes de abril, en días calmos estamos, para encarar las elecciones cada día más cercanas. Pasado el primero de mayo, a ver si somos capaces de esquivar las heladas de la Cruz y la de santa Rita, en el aspecto climatológico; que en lo respective a la política vendrán granizadas. Y ya dice el refrán que antes falta a la madre el hijo que la helada al granizo. Vendrán, hermano, días de desasosiego, de rebusco de votos, de echar cuentas a todas las horas, de estudiar la táctica del adversario, de enfrentamientos verbales, algún que otro navajazo dialéctico, de levantar losas y desenterrar viejos fantasmas de los que nadie se acordaba. Hasta el 27 de mayo será una carrera de fondo en la que todos los aspirantes pondrán el máximo esfuerzo. Y en este caso, la plata y el bronce, que tantas satisfacciones proporcionan a los deportistas, no valen nada, son pura filfa; la corona de laurel ceñirá una sola cabeza, la del ganador, que no siempre es la del primero que llega a la meta. Pues ya hemos visto a mucho avispado que llegando el último se alza con el santo y la limosna; aquello de los extraños compañeros de cama, cambalaches y negociaciones espurias y manejos en la sombra estarán a la orden del día. De ahí la impaciencia que se adueñará de todos en estas interminables jornadas que los votantes hemos de sufrir pacientemente. Item más; cuando todavía no se ha cazado el oso ya se está vendiendo la piel de la Diputación. En algunos partidos, los aspirantes han iniciado una carrera de obstáculos, en la que las vallas son sus propios compañeros que, además, manejan muy bien el zancadilleo. Así que nosotros, hermano, alejados de esas miserias políticas vamos a estar como testigos de esas maniobras y cuando llegue la hora de las urnas, con seguridad, que tendremos decidido a quien damos nuestra confianza. O tal vez no.

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