OPINIÓN
De los días tristes de la historia de Riaño
ANA MARÍA BURÓN esposa de José Alonso me pide que en nombre de toda la familia os dé las gracias a todos que han estado en estas últimas horas dándoles su apoyo y cariño en estos momentos difíciles. Así mismo a todos los medios de comunicación, prensa, radio, televisión y a todas las personas de la política. Políticos de todas la ideologías. A todo el personal del Ayuntamiento de Riaño y a Don Paulino y Don Javier por el oficio religioso tan entrañable y maravilloso y al coro de Santa Agueda. En la historia de nuestro pueblo Riaño hemos tenido días muy tristes. Todos recordamos inevitablemente aquel miércoles 10 de diciembre de 1986 (12 grados bajo cero) o aquellos interminables días del mes de julio del año siguiente, en el que perdíamos parte de nuestras raíces y mucho de nuestra identidad. El día de hoy no se le parece climatológicamente pero es igual de triste. El siguiente poema está compuesto por el poeta vasco-riañés, Jesús Mallagaray escrito ayer por la noche y dedicado a nuestro amigo, padre, esposo, yerno, cuñado, Pepín. Nuestro alcalde. Hombre cabal y caballero allá donde les estuviere. A quien hemos perdido para siempre. «Y te tendré conmigo para siempre/ en la mesa del pan y del recuerdo,/ con escorzos al amor de la cayena/ y timbales al pil-pil y al ajo arriero,/ con canciones que serán «de las de antes»,/ porque el tiempo no atempera su paso por las sienes/ y llena los otoños de recuerdos varados como barcas/ que ensoñaran singladuras imposibles.// Nosotros, seguiremos siendo amigo lo que fuimos/ y seremos para siempre lo que somos,/ grabados a fuego como estamos, en la rosa de los vientos/ y encarnados en las pieles de los árboles/ de todos los caminos.// Los recuerdos se me quedan esparcidos como espigas/ olvidadas en las largas rastrojeras,/ donde el viento se inventa sembradíos/ y los pájaros de paso, aparcan en su casa de comidas/ abierta hasta el amanecer...// Es hora, amigo mío,/ de que unzamos tus palabras y las mías/ y labremos la tierra paso a paso/ y a mano, como siempre/ y volvamos a quedar desnudos ante el mundo/ con la tibia lucidez de los locos escogidos,/ en esa duermevela vigilante de los árboles,/ que son la esencia misma de la forma devenida,/ en el incendio otoñal de su atavío hacia la desnudez total./ Desnudos seguiremos la dulce travesía,/ que va desde la luz hasta el recuerdo...... He oído vuestro silencio/ he escuchado vuestro respeto a mis palabras». Gracias por ello. Se nos ha ido un amigo, un alcalde, al que siempre recordaremos.