| Retablo leonés | Ocho siglos de devoción |
Dos opiniones para una imagen
La aparición de la talla de la Virgen de la Encina, patrona del Bierzo, tiene dos versiones:una apuesta porque fue hallada por unos pastores y la segunda, por los templarios

La popular plaza ponferradina de la Encina, en una imagen del siglo pasado
En este recién estrenado año de 2008, año bisiesto, año de elecciones generales, declarado Año del Planeta Tierra, por la Organización de Naciones Unidas, tiene también para los paisanos bercianos unas connotaciones locales que descansan en el centenario de la coronación de su querida y venerada patrona, la Virgen de la Encina, encontrada hace ocho siglos por los recios templarios que aportaban madera para la construcción del emblemático castillo ponferradino, que hoy en día es uno de los emblemas de la capital berciana y que es conocido por todos los estudiosos de los templarios, por el renombre de su fortaleza. La feliz coincidencia de esta efemérides, con el particular afecto que tengo a las tierras bercianas, me han encaminado a dedicar este retablo a la divulgación de ciertos hechos relacionados con la Virgen de la Encina, patrona de todos ellos, que, aunque conocidos por nuestros amigos de la comarca del Bierzo, siempre aportarán algunos matices y detalles que abundan en este conocimiento. Una versión muy criticada Circulan dos versiones sobre la supuesta aparición de la Virgen Morena de la Encina. Una que podíamos calificar de apócrifa, y la oficial divulgada exhaustivamente por el ilustre escritor y coadjutor de la Encina, Augusto Quintana Prieto, en su documentada publicación Libro de la Virgen de la Encina. En cuanto a la primera de las versiones, cuestionada duramente por el citado escritor, la pudimos leer en un viejo número de la revista Promesa, del 13 de abril de 1952, donde su autor -escudado en el pseudónimo Helios - dice haberla recogido de un legajo del Archivo Municipal, donde claramente se expone la necesidad de haber puesto a buen recaudo las imágenes sagradas para evitar la profanación y expolio que venía siendo norma en el avance de las hordas musulmanas. Camino de Galicia Para continuar diciendo textualmente: «Años después hallaron unos peregrinos la imagen de Nuestra Señora de la Encina en la copa de un árbol, en un espeso bosque de encinas, que tomaba nombre del vecino puente herrado camino de Galicia. En honor de esta imagen -añade todavía-, los moradores cercanos fundaron una ermita en el mismo lugar del hallazgo, adquiriendo la costumbre de venir a adorarla los Hermanos en formación militar -a la suiza, que se decía entonces-, lo más decentes que se pudiera, con espada, escopeta y pólvora, bajo pena de 200 libras de cera labrada». En cuanto a la segunda versión que aborda la aparición de la Virgen de la Encina, defendida a ultranza por Quintana Prieto, él mismo la describe un 30 de agosto de 1953, de la manera siguiente: «Fue un 8 de septiembre de un año ignorado y cercano al 1200. Hacía falta madera para el castillo, y los Templarios, diseminados por el bosque, cortaban los troncos más corpulentos. Se habían despojado del manto blanco y habían dejado las espadas sobre la tierra. Y empuñaban los mangos de las hachas con la misma furia con que repartían mandobles en las batallas reñidas contra los enemigos de la patria y también de Dios». «De pronto, sienten que un árbol comienza a resquebrajarse, a crujir, a ceder. Y se retiran, precavidos, buscando seguridad en la lejanía. Tiemblan levemente las ramas, se abre, quejumbrosamente, de arriba abajo el tronco voluminoso, pierde equilibrio la mitad desprendida, cae al suelo, levantando una nube de polvo, el sol de septiembre perfila con un leve matiz de incipiente dorado de otoño». Un árbol abierto «Hasta les ha sorprendido, a pesar de sus sudores, que tan fácilmente cayese... porque el árbol no cayó entero, se abrió verticalmente y fue sólo una mitad la que cayó al suelo. La otra la miran ahora atónitos y sobresaltados, convertida inexplicablemente en viviente retablo. El sol le da de frente y de lleno. Y en las entrañas abiertas del tronco resquebrajado, limpia, hermosa y fresca -como si la acabasen de poner allí manos amorosas y delicadas- hay una imagen bizantina de la Virgen María con un hermoso Niño Jesús en los brazos. Tiene bajo sus plantas una arqueta y le sirven de marco y dosel las orillas blancas del tronco resquebrajado. Lo mismo la Virgen que el Niño tienen una dulce mirada, cargada de piedad y de ternura. Parece que les miran a ellos, sencillos Templarios e indignos servidores suyos, con una benignidad inefable e infinita...» Más de siete siglos Y después de siete siglos de enraizarse profundamente con las esencias del pueblo berciano, y escuchando año tras año sus peticiones de todo tipo, entre las que siempre destacaron las rogativas del agua para «que no se sequen los pimientos», las autoridades de aquel año de 1908, encabezadas por el Obispo de Astorga, secundado por la presidenta de la Junta de Señoras, doña María de la Concepción Vega y el presidente de la Junta de Caballeros, don Julio Laredo, lograron la esperada coronación de su Virgencita de La Encina, que fue proclamada Patrona de Ponferrada, y por extensión, se convirtió en la patrona de toda la comarca del Bierzo y de sus gentes.