Diario de León

Los cuatro alfares aseguran tener suficiente trabajo y hay quien cree que caben más artesanos

Las alfarerías de Jiménez trabajan cien toneladas de barro cada año

La mayoría de los encargos se recibe en verano, el invierno se aprovecha para proveer la tienda

Un alfarero, coloca asas en los botijos antes de su baño y cocido

Un alfarero, coloca asas en los botijos antes de su baño y cocido

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A. Domingo - la bañeza
León

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Con las manos sobre el torno, pero no parados, sino levantando piezas. Esta es la situación de los alfareros de Jiménez de Jamuz, cuyas manos dan forma a unas cien toneladas de barro al año, según las cantidades facilitadas por los cuatro talleres que mantienen abiertas sus puertas en el último centro alfarero de León. Los responsables de los alfares coincidieron en la imposibilidad de facilitar una cifra sobre los cacharros que salen de sus hornos cada año. Si bien fue posible realizar una estimación de la cantidad de arcilla que se trabaja, el distinto tamaño de la gran variedad de piezas que trabajan los últimos artesanos del ramo en el Jamuz convierte en imposible la tarea de calcular el número total de piezas, según manifestaron. Los alfareros no se quejan de falta de trabajo e incluso uno muestra su convencimiento de que el barro aún podría dar trabajo a más personas. La Catedral del Barro es la que más materia prima trabaja: «Unas 50 o 60 toneladas» estima Valentín Peñín, a las que habría que sumar el peso del barro refractario para las piezas propias de cocina. El templo de lo cacharros señala que el número de encargos es elevado, así como diferente la cantidad de piezas de cada uno, si bien el máximo podría situarse entre los «2.000 y 3.000» cacharros. El alfarero, que aprendió el oficio con su padre señala la necesidad de «hacer promoción por todos los lados, acudiendo a diferentes ferias». El verano María Teresa García, la única mujer que trabaja sentada en el torno, estima que el último cargamento que ha recibido de barro fue un camión, con una carga de «alrededor de 20.000 kilos». En Alfarería Esteban -el taller conserva el nombre de su padre- «no paramos en todo el año», asegura. Los encargos llegan en especial entre los meses de junio a septiembre, aunque «también por Navidad y otras fiestas». El pedido más alto se sitúa en el millar de piezas, aunque existen excepciones, como el de una cooperativa de la Denominación de Origen Tierra de León, que solicitó 8.000 jarras de pequeños tamaño. Cuando los clientes aflojan, María Teresa García prepara las piezas que vende a quienes se acercan hasta la exposición; de ahí que el trabajo sea continuo. Alfarería Esteban sólo asiste a una feria, «la de Valladolid». Vicente Murciego, Taruso , aún va al barrero, por lo que le cuesta calcular la cantidad de tierra que prepara para convertirla en material que trabajar. Por eso le cuesta más calcular los kilos de barro que trabaja. «Quizás sean quince toneladas», estima. No protesta porque le falta el trabajo, aunque éste llega «a rachas, como todo. Los meses de invierno son más bajos», por lo que «en verano trabajas sobre pedido y, en invierno, para la tienda», apunta al igual que se colega de Esteban. Taruso destaca el cambio de los tiempos: «Lo que antes era de uso cotidiano, ahora sirve de pieza decorativa». Murciego no hace ferias, aunque asiste al mercado semanal de La Bañeza. Señala que los encargos más voluminosos rondan las 1.000 o 1.500 piezas. Un aprendiz Miguel San Juan aprendió el oficio en el Alfar-Museo, con el maestro alfarero Martín Cordero. Sigue la tradición de acudir a los terrenos arcillosos -en otro tiempo era su abuelo el que removía el suelo- para conseguir la materia prima. Su cálculo se aproxima a la cifra de Taruso y manifiesta que los encargos llegan, en especial, de los ayuntamientos, variados en cuanto al número de piezas, entre las 500 y las 1.000 en la mayoría de las ocasiones, pero también hay quien pide «2.000 o 5.000 vasitos». Miguel San Juan, que enseña el oficio a un joven, considera que Jiménez tiene espacio para más alfareros «y si existiera más unión entre nosotros, nos iría mejor, como años atrás, cuando existía el gremio», señala convencido de sus palabras.

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