Despedida con boda tsacianiega

Los actos festivos de la localidad se clausuraron ayer, después de una jornada repleta de tradiciones, que mostraron a los presentes cómo se comportaban sus antepasados en la villa

Varias bolilleras mostraron a los visitantes su labor

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Vanessa Araújo - villablino
León

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El Mercau Tsacianiegu se despidió ayer con la tradicional boda Tsacianiega, como principal actividad de estas jornadas. Los protagonistas del enlace fueron Elvira Fernández y Atilano Rubio, que bajo la atenta mirada de los presentes, volvieron ayer a renovar los votos matrimoniales en sus bodas de oro en la Iglesia de San Miguel. Una vez finalizada la ceremonia, dos jóvenes cantaron una antigua canción de boda a los novios. Un carruaje les estaba esperando a la puerta de la Iglesia para acercarles hasta La Casona, lugar donde se celebra el tradicional mercado, para repartir la típica recha con mantequilla a todos los asistentes. El grupo de baile del centro de personas mayores de Villablino realizó una exhibición en dicho lugar, dedicándoselo especialmente a los contrayentes. Un día muy completo Durante la mañana de ayer se recordaron los oficios ya perdidos, como la elaboración de chorizos y morcillas, así como el lavado y cosido de los colchones de lana. Los visitantes de la casa típica lacianiega pudieron volver a recordar los juegos tradicionales infantiles y la animación de calle. En el patio de la Casona se concentraron varias bolilleras que mostraron a todos la labor que tradicicionalmente les ocupaba. El mercado recibió a más de 30 artesanos que mostraron sus productos, desde alimentos hasta madera o cerámica. Todo ello, se ambientó con la venta de periódicos de principios del siglo XX, momento hasta el que se traslada el municipio durante la feria. A pesar del numeroso público, el primer concurso de pintura rápida Manolo Sierra, con el tema «Laciana desde La Casona, costumbres y tradiciones», tuvo que ser suspendido por falta de participantes. Los actos festivos se clausuraron a las 21.00 horas con un buen sabor de boca, pues los asistentes pudieron llenar el estómago con el pincho popular. La casa típica lacianiega, con su tradicional forma de U, no sólo ha servido como albergue de esta feria, sino que además, en ella, se ha expuesto la antigua cocina de la zona con mobiliario de la época, como la alacena o la gran mesa de madera. Los asistentes se divirtieron con las antiguas fotos de los vecinos de la comarca.

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