Diario de León

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El recuerdo de aquel maestro La primera radio del pueblo

Los vecinos e hijos de Reyero rindieron un homenaje al que fue profesor y natural del pueblo, Nicolás Alonso, al que dedicaron una calle con su nombre en un acto emotivo

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José María Campos - corresponsal | reyero
León

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La localidad de Reyero rindió homenaje al maestro Nicolás Alonso Andrés al cumplirse los cien años de su nacimiento. Con tal motivo fue colocada una plaza en la casa de Reyero donde nació, cuya calle a partir de ahora llevará su nombre. El descubrimiento de la placa fue realizada por el alcalde de Reyero, Gregorio Alonso. Los actos continuaron en el edificio de las escuela donde vecinos y vecinas del pueblo, que fueron sus alumnos leyeron escritos resaltando la figura de quien fuera maestro y natural del pueblo. Finalmente se descubrió una placa colocada en la fachada de las escuelas. Corría el año 1908 y en una España que salía del desastre de la guerra de Cuba y entraba en la de Marruecos, nació Nicolás Alonso Andrés en Reyero. En la casa de Victoriano Alonso y Tomasa Andrés, una casa de techumbre de paja donde vino al mundo, siendo el cuarto de los diez hermanos. Sus primeros años de estudios los realizó con el Dómine en la llamada «Cátedra de Lois» pasando al seminario donde estuvo cinco años hasta que después de realizar sus estudios en la Institución Libre de Enseñanza obtuvo el título de maestro de primera enseñanza en 1932, expedido en plena República. Inició un recorrido por varias escuelas en Berritz (Vizcaya), Torquemada (Palencia) o Villanueva del Condado (León). Después de la revolución de Asturias, en 1935, el 13 de noviembre es nombrado propietario de la escuela mixta de Reyero. Aseguró que pidió la plaza de la escuela de su pueblo porque «tenía local nuevo y amplio, buen mobiliario y biblioteca con 2.000 volúmenes». Nicolás Alonso junto a varios jóvenes compraron una radio, que estaba prohibido tener, escotando a 35 pesetas cada uno. En agosto de 1936 casi le cuesta la vida. Un vecino denunció la existencia del aparato y el maestro tuvo que carga la radio a la espalda y recorrer más de 24 kilómetros para entregarlo a la guardia civil. Además tuvo que pagar 8.000 pesetas de multa lo que suponía una fortuna para la época, a tenor de las condiciones de vida.

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