Diario de León
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León

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QUERIDO hermano: De nuevo contigo después de un fin de semana frenético en esta vieja ciudad. En ella se han recreado acontecimientos que un día fueron trascendentales para su historia particular, cuando la historia de Europa giraba en torno a los caprichos de un corso que se hizo amo del continente. Astorga marcó a Napoleón el límite de sus correrías; y como símbolo de buena voluntad -”después de dos siglos-” de fraternidad y sintonía europea hubo un gesto que marcó la petición de perdón, y la concesión del mismo. Una sencilla placa, pegada a la muralla astorgana, recuerda la llegada del emperador a esta ciudad, siendo ahora el símbolo de la amistad de dos naciones, asistiendo al acto representantes de varios países involucrados en aquel desastre, cuyos himnos sonaron amistosamente en una de las plazas más emblemáticas de Astorga. Unión fue la recreación de aquellos hechos de armas en los que, fraternalmente, intervinieron miembros de esas naciones haciendo, todos, promesa de no repetir fechas tan aciagas. Los componentes del Batallón Clavijo fueron anfitriones y buenos organizadores, rindiendo, también, homenaje a los astorganos que en julio de 1808 se batieron con honor, gloria y muerte en Medina de Rioseco. La placa, otra placa, descubierta en la Puerta del Rey, es una deuda saldada después de 200 años. Todo un gesto.

Como gesto de gratitud y reconocimiento, hermano, fue el que pudimos contemplar dentro de esos actos conmemorativos del bicentenario, en el teatro Manuel Gullón. La Agrupación de Música de la Guardia Civil nos ofreció un memorable concierto, seguido por cientos de astorganos que abarrotaban el coliseo. Dirigía la banda el astorgano Luis Blanco que lucía sus estrellas de teniente coronel en la bocamanga. Al iniciar la última pieza del programa, con sencillez, se dirigió al público para informar que se la dedicaba como homenaje a su primer profesor de música, al maestro Calvo Rey. Homenaje que refrendó el público con un cerrado y sonoro aplauso a Luis Calvo quien no tuvo otro remedio que ponerse en pie desde su butaca y recibir el reconocimiento de toda la ciudad por sus muchos años al frente de la banda municipal y de la escuela de música; en ambas militó, en su niñez y adolescencia, Luis Blanco quien así, en público, quiso honrar a quien lo inició en el camino musical. Quizás este sea el gesto inicial para el reconocimiento que, incomprensiblemente, se ha negado por razones también incomprensibles. Bien nacido Luis Blanco, se mostró agradecido a su maestro Luis Calvo.

Pero no todos son gestos amables, hermano; también los hay hoscos y desagradables. Como el de ese ente llamado Gersul que nos ha puesto a todos en el disparadero con el cobro y aumento de tasas por la recogida de basuras, su traslado y presunta clasificación en el demasiado cercano CTR de San Román. Es un gesto de desprecio del diputado responsable, señor Velasco, que destapa un espíritu recaudatorio insaciable. Mientras intenta ciertas componendas con industriales y comerciantes rebajando sus cuotas, excesivas indudablemente, su gesto de desprecio a la vecindad es notorio con la negativa rotunda de negociación. Lee, querido, sus últimas declaraciones; con ellas viene a confirmarse la teoría de Nolete: que los leoneses somos unos dejados, unos pastueños. Sería higiénico-”y no por la profesión del señor Velasco-” desarrollar una auditoría a Gersul; saber por qué un proyecto que prometía autofinanciación en escasos años, anda con una deuda acumulada de cerca de 40 millones de euros. Saber también, querido, por qué funciona tan desastrosamente. Aquí sí que hace falta un gesto; que alguien lo tenga, dé un paso al frente y ponga orden en el caos. ¿Habrá quién?

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