Diario de León

| Reportaje | De obrero a pionero del cobertor |

«El primer caso de espionaje industrial documentado»

EL artesano aprendió en Palencia el sistema de fabricación de las famosas mantas maragatas; según relata el alcalde, su hijo le contó los detalles de los procesos a los que él no tuvo acceso

Publicado por
A. Domingo
León

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Cuentan las crónicas que José Cordero Geijo abandonó su pueblo para trabajar en la fábrica de cobertores de Damián Cuadrado, en Palencia, con el fin de «sustituir la industria de paños burdos por otra similar y de más seguro porvenir: la fabricación de cobertores, cuyo secreto se encontraba en aquella ciudad castellana», según recoge la etnógrafa Concha Casado.

Se trataba de superar el impulso que había ganado Cataluña gracias a la revolución industrial. Casad cuenta que Cordero Geijo regresó a los pocos meses, «con los conocimientos adquiridos y algunos utensilios necesarios, como los preciados palmares».

En la fábrica

El alcalde de Val de San Lorenzo completaba ayer el relato, refiriéndose a la estancia de Cordero Geijo en Palencia. «Probablemente se trata del primer caso de espionaje industrial que se conozca», aseguró el regidor. Tejerina, se refiere al escrito del maestro Eusebio Díez García para señalar que la fábrica en la que entró el insigne maragato «se encontraba dividida en compartimentos estancos, de manera que el obrero no pudiera conocer el proceso completo de fabricación de las mantas. Sin embargo, Cordero marchó a Palencia con su hijo y a éste encomendaban diversos recados con los que pudo ver toda la fabricación y describírsela a su padre. Al parecer, en cuanto hubo sospechas, José Cordero recogió sus cosas una noche y regresó al Val». A partir de aquí, los relatos de Concha Casado y el que sostiene el alcalde se dan de nuevo la mano, para referir que cordero Geijo encargó a un carpintero, José Bajo Fijo, la fabricación de un telar, y contó con el apoyo, quizá económico, de otro vecino, Francisco Martínez Alonso. Así, el día en que la localidad celebraba la Fiesta Sacramental en 1858 se expusieron los seis primeros cobertores fabricados en Val de San Lorenzo según la técnica palentina. Años más tarde, llegarían los premiso, incluso internacionales, a lo que hoy se considera artesanía textil.

«La memoria del chaval»

Según Tejerina, tras la jornada laboral, bastante larga entonces, el chico describía a sus padre los distintos procedimientos observados y éste, a su vez, los anotaba. «El chaval debía tener una memoria fotográfica para explicar bien todo lo que veía», añadió el regidor. Sea como fuere, Cordero Geijo revitalizó una actividad que, ya antes de entrar en crisis, no reportaba grandes beneficios a los artesanos dedicados a esta actividad.

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