Diario de León

| Reportaje | El carnaval ya tiene musa |

La inspiración de don Carnal

Judith Alija fue coronada emblema de la fiesta bañezana por antonomasia, en una noche de emociones, humor, romances y galantes trovadores que se rindieron ante la joven

Un momento de la coronación de Judith Alija como musa del carnaval bañezano de este año

Un momento de la coronación de Judith Alija como musa del carnaval bañezano de este año

Publicado por
Maite Almanza
León

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la bañeza

La noche prometía. El dúo Kapikúa, con su facilidad sorprendente para la mimetización, y la ex musa Zaida Cordero, con su evocación satírica de las pirámides y los egipcios, constituyeron un apetecible prólogo de lo que estaba por venir, que logró arrancar risas y sonrisas al respetable. La emoción llegó después. Zaida Cordero se despojó de su vestimenta de monologuista para irrumpir en el escenario, en la que sería su última actuación como musa. Su sucesora, Judith Alija, estaba hermosa. Desde el público no se apreciaba, pero seguro que le temblaban las piernas al ver, por fin, cumplido un sueño acariciado durante muchos años. Su ramalazo de carnavalera rebelde, que la hizo reclamar su derecho a entrar en el olimpo de las diosas de don Carnal, se había esfumado. Y fue, más que nunca, la frágil ninfa de la que después hablaría su juglar, Crispin d-™Olot.

De repente, la muchacha se vio rodeada por las otras deidades de la mascarada, sus predecesoras, que la cubrieron con la gloria carnavalera que otorgan la corona, la banda y la capa de la musa. La joven se convertía así en la reina oficial de la fiesta bañezana por antonomasia.

El juglar describió después los momentos previos a la coronación de la musa como un cerco de espíritus que asedian La Bañeza, aguardando «impacientes la consagración de una doncella para entrar de rondón» en la vida de los bañezanos. D-™Olot se preguntó cómo era posible que ningún caballero «de alba armadura» saltase en defensa de la grácil dama. Pero pronto se rindió a la evidencia: don Carnal y sus secuaces contaban con la lealtad inquebrantable de los asistentes. «A estas alturas de la consagración de la musa, todos estáis aquí aguardando el final del evento para, acto seguido, sacar de los armarios los disfraces y de los almarios las obsesiones, los alter-egos, los otros yoes, llevando a esta niña de mis ojos por faro y por bandera», admitió. Así que no le quedó más remedio que decir: «Sed, pues, clara musa, luminaria y norte de estos carnavales, navío y clarín de estos corazones presos de dionisiaco furor, antorcha y llama en la que palpite el anhelo bañezano de inmortalidad y revuelo».

Además, como trovador profesional que se precie, dedicó a su musa un romance sefardita, que la identificaba como una entristecida princesa que suspiraba por su amado, el carnaval, a cuyos brazos pudo llegar convirtiéndose en un bajel. El juglar no quiso olvidar tampoco a una carnavalera de pro, Mónica Morán, que fuera integrante del Grupo Salsa, ya fallecida. A ella dedicó la canción Oda a La Bañeza , escrita por él. Finalmente, y en aras a que la savia carnavalera no falte nunca, el presidente del Grupo Salsa, José Blanco, animó a que haya nuevas incorporaciones al mismo. «El grupo se está quedando pequeño, porque ya vamos todos cumpliendo años, y temo que corra peligro de desaparecer», advirtió, apelando por este motivo al que consideró necesario relevo generacional.

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