| Reportaje | Las tradiciones del Jamuz |
Una noche desveló los mayos con la luna en cuarto menguante
Jiménez, cuna de esta manifestación artística popular, preparó catorce plataformas, frente a las siete de Villanueva y las seis de Santa Elena, en el inicio de una fiesta de interés provincial

Caperucita espera sobre un seto de boj y un joven trata de encajar la cabeza al farolero
jiménez de jamuz
Fiesta en cuarto creciente. Los pueblos de santa Elena de Jamuz se juntaron por barrios en la noche del 30 de abril al 1 de mayo para decorara calles y plazas con los tradicionales mayos: escenas elevadas de factura artesanal, con cabeza de barro, acompañadas de versos en los que se explica el porqué de la elección del personaje o de su acción.
Los mayos representan a personajes del pueblo, pasados o vivos, reales o de leyenda, que gozaron de notoriedad o realizan algún trabajo, principalmente relacionado con la artesanía o las labores del campo. Escenas rurales que se gestan por grupos, se mantienen en secreto y se conocen en la noche de los mayos, una fiesta local, que nació en Jiménez, en la que tan fundamental es preparar el bodegón propio como, después, dar una vuelta por el pueblo para ver las ideas de otros barrios, en una competición sin ganador de podio, sino del ego del grupo.
Los jiminiegos, a los que se han sumado Santa Elena y Villanueva de Jamuz, montaron en la noche del jueves al viernes catorce escenas, a las que se suman las trece de las otras localidades. Algunos prefirieron cenar antes de iniciar su trabajo, por lo que seguían trabajando a la una de la mañana, con una temperatura de seis grados, mientras que otros no pudieron esperar y ya antes de las diez de la noche habían desplegado toda suerte de herramientas y alzaban los monigotes de trapo para atornillarlos a la base.
Herramientas de siempre y otras electrónicas, que nada tienen que envidiar a las del Bricomanía , en un hermanamiento de vecinos, que comparten mesa y mayo a pesar de diferencias vecinales.
Los de la plaza dejaron atrás los oficios tradicionales y se afanaban con caperucita y el lobo. En el Cueto, optaron por el farol, mientras en la Ermita representaron a un peregrino en la Cruz de Ferro, que se desvió antes de la Vía de la Plata para ir a Jiménez -”al parecer, no era un purista del Iter ab Emérita Asturicam y torció el recorrido-”. «Al final, todos ponemos la bufanda para tapar el cuello», reflexionaba en alto un vecino al terminar de montar el farol.
Dulzaina y tambor acompañaron a la madrugada.