Diario de León

Reportaje | enrique alonso

Boñar inicia sus fiestas

Los pueblos del valle acudieron a la intercesión del peregrino del perro y el bordón con motivo de una peste bubónica que afectó a las dos Castillas y al Viejo Reino de León a finales del siglo XV

La procesión en honor a san Roque que se celebró el año pasado en Boñar.

La procesión en honor a san Roque que se celebró el año pasado en Boñar.

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El legendario y multivenerado Roque de Montpeller, auyentador de pestes y males, patrono de gran parte de los pueblos de nuestra provincia, tiene un singular poder de convocatoria ante la juventud de un amplio territorio montañés, que se da cita en Boñar en este agosto festero. El santo peregrino, que mantiene su carismático influjo sobre la población boñarense, es sacado a hombros en las vísperas de su festividad, para llevarlo procesionalmente desde la ermita a la iglesia parroquial, y por el mismo procedimiento será entronizado el día 17 de agosto en el altar que preside desde tiempos inmemoriables en aquella ermita.

Parece ser, que allá por los años de final del siglo XV, un fuerte ramalazo de peste bubónica invadió las dos Castillas y el antiguo Reino de León. Las noticias que llegaban de los lugares infestados del terrible morbo, eran tan alarmantes y estremecedoras que la gente miraba hacia el Cielo pidiendo la intervención divina para mediar en aquella inminente amenaza, pues los recursos humanos habían fracasado reiteradamente en la lucha contra la traidora enfermedad.

El Priorato de la Vega. El común de vecinos del entonces llamado Territorio de Boñar, que componía tres Concejos o Jurisdicciones: la Jurisdicción Ordinaria de Boñar, la Real de La Vega, dependiente de la Abadía de Valdediós, y la del Condado de Colle, decidieron por mayoría acudir, precisamente, a los monjes Bernardos del Priorato de la Vega, con el fin de pedir consejo y protección para preservar de la peste a las buenas gentes de los 22 pueblos que integraban los valles de Boñar .

Los monjes, recordando que el siglo anterior había muerto en olor de santidad el joven Roque de Montpeller -”que fue descubierto por su carcelero con una tablilla al lado de su cadáver en la que podía leerse claramente: «Los que tocados de la peste, invoquen a mi siervo Roque, se librarán por su intercesión de esta cruel enfermedad»-”, animaron a los atribulados vecinos para encomendarse al santo.

Y está claro, cuantos se salvaron del huracán pestífero que asoló la zona, atribuyeron su buena suerte al dulce peregrino del perro y el bordón, erigiendo como agradecimiento una ermita donde se venerase permanentemente al santo, ermita que fue construida en la frontera del término de Boñar con el de La Vega, como agradecimiento a los Bernardos de Valdediós por la feliz idea de ponerse bajo tan eficaz protección. Finalmente, el día 16 de agosto se declaró fiesta patronal de Boñar, en recuerdo de que fue el día en que el divino Roque apareció muerto en su celda de la cárcel de Montpeller.

Desde entonces, en las procesiones de ida y vuelta entre la ermita y la parroquia, el pueblo de Boñar acompaña al santo con el repetitivo soniquete de un estribillo que viene a decir: «Pues médico eres divino/ con prodigiosas señales/ líbranos de peste y males/ Roque santo peregrino».

La historia de Boñar no alcanza ningún vestigio ni documentación que pueda servir para datar esta villa como anterior a la repoblación emprendida desde Asturias en la mitad norte de la Cuenca del Duero. Algunos escritores precipitados han querido asociar su poblamiento con la dominación romana, basándose en el hecho de la existencia de una inscripción votiva aledaña a una fuente termal -”siempre conocida como «La Calda»-” que no deja de ser la dedicatoria de un tal «Alexis», fontanero (aquilegus), al genio de la fuente, como se repite a lo largo y a lo ancho de la geografía frecuentada por los romanos en su apertura de calzadas y vías de penetración a la búsqueda de los metales preciosos de Hispania.

Una villa saludable. A mediados del siglo XVIII, en el año 1764, el médico de la Casa Real, don Pedro Gómez de Bedoya, en su visita de reconocimiento de fuentes públicas, dice de Boñar lo siguiente: «En el reino de León, en lo áspero de sus montañas, seis leguas distante de la capital y cuatro del Principado de Asturias, está la villa de Boñar, población como de 80 vecinos en una sola calle, es Señorío de los Excelentísimos señores Condes de Lemos. Es la temperie de esta villa bastante sana, y así la gente se cría robusta y llega a una edad avanzada, aunque no goza de las mayores comodidades, pues de sesenta casas que tendrá la villa sólo 16 están cubiertas de teja, y las restantes de paja y los vecinos se ven precisados a calzar zapatos de madera, que llaman madreñas...»

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