Diario de León

El milagro del santo persiste tras 11 siglos

Aunque murió en 905, Froilán sigue ejerciendo de imán de las citas populares por antonomasia con la romería de La Virgen del Camino en cabeza el día 5, precedida de carros, pendones y Cantaderas en León y la rogativa en Valdorria

El fervor por San Froilán anima cada año a más personas a recrear el modus vivendi de aquella época medieval

El fervor por San Froilán anima cada año a más personas a recrear el modus vivendi de aquella época medievalVIRGINIA MORÁN

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León

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San Froilán, el santo que ejerce como un imán de proporciones bíblicas de los encuentros populares de León por antonomasia, hasta el punto de que a ocho kilómetros de la ciudad, en la Virgen del Camino, sus festejos se sienten como la auténtica fiesta de los leoneses, puede presumir además de simbolizar la historia, la cultura y el folclore de la provincia. Y aunque murió en el año 905, el eco del patrono de la diócesis sigue inspirando once siglos después la mejor y más querida fiesta de León.

Así que junto con los milagros de salvar cosechas, curar heridas y ganar batallas, al santo puede atribuírsele también el prodigio de erigirse como figura de consenso del jolgorio de las tradiciones leonesas. Y su poder va a más, porque su fiesta se estira cada vez más en el calendario y se nutre con conciertos, juegos, mercados, gastronomía, exposiciones y hasta con las modernas food-trucks como contrapunto.

Porque este gallego querido como un gran leonés ha desplazado en el corazón de los leoneses incluso a las fiestas locales de San Juan y San Pedro. De él, se celebra todo: el día en que nació, el 5 de octubre, con la insuperable romería de La Virgen del Camino que arrastra a 60.000 romeros hasta la localidad llegados de todo León y las comunidades limítrofes; las montañas donde se refugió en una cueva a 1.300 metros de altura dominando el Alto Curueño antes de fundar tres monasterios, que anima la rogativa de la Valdorria cada 1 de mayo, donde los fieles ascienden los 365 escalones tallados en piedra de su ermita, ubicada en la peña Cucurrina; y el tiempo en que vivió, el domingo antes de su honomástica en León ciudad, que trae los pendones de los pueblos, los carros engalanados, y el debate de la iglesia y los munícipes sobre si el pueblo leonés acude a la Catedral por obligación o libremente para agradecer la intercesión de santiago para vencer a los musulmanes en la Batalla de Clavijo y liberar del infame tributo de entregar cien doncellas al emirato de Córdoba. Froilán, que llegó a ejercer de obispo por aclamación popular, sigue envuelto en leyendas.

Cuentan que para lograr la autoridad de predicar, sostuvo carbones encendidos en sus manos y en la boca sin sufrir quemaduras y que amansó a un lobo que nunca se separó ya de él y caminaba junto a su pierna derecha, tras haber intentado darse un festín con el borrico que estaba ayudando al santo a acarrear las piedras para su ermita. Así que milagros hizo y milagros sigue ejerciendo.

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