La romería de todas las romerías desde 1521
Los carros engalanados son todo un símbolo de la romería a La Virgen del Camino. virginia morán

Los carros engalanados son todo un símbolo de la romería a La Virgen del Camino
Pie tras pie, paso tras paso. Así se llega a La Virgen del Camino desde 1521. Da igual la fecha —que ha ido variando en algún siglo— lo importante es el objetivo: llegar al santuario y tocarle las narices al santo, a San Froilán, que en la puerta lateral del templo ya luce brillante por el desagaste. Este domingo volverá a cumplirse con la tradición. Con el peregrinar marcado por los carros engalanados y el movimiento al son del viento de los lustrosos pendones concejiles que, finalmente, se reunirán en la explanada tras el santuario para deleite de todos los que han decidido hacer su romería a título personal y después volver en autobús. León cumple así en San Froilán con la devoción mariana, con el trayecto andando hasta La Virgen del Camino como se viene haciendo desde hace más de 500 años. Una tradición que está documentada por Juan Pastrana ya en 1521, aunque por aquel entonces se conocía como «romería de La Virgen» y se celebraba en agosto frente al octubre actual con motivo del patrón de la Diócesis de León, que cumple así, ahora ininterrumpidamente, con la patrona de la Región Leonesa.
La tradición volverá a hacer gala este domingo de vistosidad. Los pendones han recuperado su valor, no tanto en la batalla cuando servían para identificar a los pueblos, sino por el hecho de ser un bien preciado que aglutina, eso sí, bajo la bandera ondeante el orgullo de los leoneses que lo portan y que, cada vez más pueblos deciden recuperar. Con ellos los carros, que se engalan con lo más tradicional, con aquello que se ha podido ir recuperando en las casas y ha sobrevivido décadas para convertirse ahora en un elemento decorativo dejando atrás su uso.
La romería por excelencia, la romería de los leoneses a La Virgen del Camino, volverá a repetirse este domingo. Es historia viva de los leoneses que ya el periodista e historiador Modesto Lafuente relató a mediados del siglo XIX como un encuentro vital con un gran número de carros engalanados y pendones, un recuerdo de la evolución de León, de un pasado que no se debe olvidar para asentar sobre él un futuro sólido, sin dejar atrás los orígenes, de dónde se viene. Y así lo apuntó Lafuente: «Son los típicos ¡Carro a la virgen!, exclusivos de León. Los toldos los constituyen infaliblemente las colchas de las camas, lo cual hace una visualidad semichinesca y tan taraceada de remiendos de diversos colores que nada me parece tan comparable como al mosaico del mundo».
Ya en La Virgen, las calles se llenan de puestos donde se puede adquirir infinidad de cosas, pero sobre todas ellas, las avellanas. El fruto seco al que popularmente se atribuyen los perdones tras ir caminando hasta la Basílica, un detalle con el que, según algunas teorías, servía para conseguir el perdón del que se había quedado solo en casa y no había disfrutado de la romería.
Su color, la luz, la energía envuelta en los trajes regionales, donde varias generaciones se dan la mano en una fiesta conjunta que busca no dejar atrás la tradición. Los burros, los bueyes o los caballos tirando de carros ya en desuso pero que son dignos de seguir siendo admirados. Y ahora es un suma y sigue. Año tras año, pie tras pie, paso tras paso. Para cumplir con la romería que no se ha perdido desde 1521, para cumplir con la patrona de la Región Leonesa, con la tradición y las viejas costumbres, con el orgullo de ser leonés y de enarbolar el pendón para honrar a la garra y disfrutar de un festivo propio en compañía del pueblo leonés o, al menos, de gran parte de sus pueblos.