Diario de León

La que nunca va de feria, volvió con los del Mercado

La Morenica recibe el fervor popular propio de la procesión que inaugura la Semana Santa en la capital

León

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Andaban las manolas intentando esquivar al fotógrafo a cinco minutos escasos de la salida del cortejo y no se sabía bien si la risa floja era producto de los nervios del estreno o aquello de pasar a la posteridad. Seguro.

Cuatro o cinco codazos más atrás, al principio de la calle, otra parte del sector femenino, pero más metida en edad, se afanaba en tomar la posición con fundamentos que para sí quisiera más de un pivote de equipo de División de Honor de balonmano. Y en la zona de arriba del todo, a la esquina de la iglesia, las conversaciones dejaban más fluidez en el discurso, que los abades y la Corporación Municipal, en estos menesteres tienen ya espolones.

La Semana Santa de León se hizo cortejo pasados cinco minutos escasos de la hora prevista. Poco después de las ocho de la tarde, el repicar de las campanas de la Plaza del Grano ahogó casi por completo los acordes del himno nacional y en lo que enfiló el paso hacia su primera recta, apareció la previsión vestida de miembro de la Asociación de Braceros del Mercado con un plástico. Por si la lluvia. «Dicen que llevan rezando todo el día para que haga bueno, pero por si acaso...» aseveró una voz femenina desde el equipo de gobierno.

Y comenzó la procesión. Atended y ved si hay dolor como mi dolor rezaba la pancarta colgada de la fachada del templo. El mozalbete del chándal blanco se bajó del campanario, la luna de tres cuartos que no se hará llena hasta el viernes próximo se entremezcló con las nubes y doce minutos después de que La Dolorosa iniciara su trayecto, los tañidos de Las Carbajalas rasgaron el aire de nuevo.

Bajita, casi en vuelo raso, suave y mecida, la Virgen se fue abriendo paso en medio de decenas de fieles, descalzos en algún caso, aún cuando los termómetros a primera hora de la noche andaban alrededor de los seis grados.

«¡Ya está La Morenica en la calle! ¿Y tú donde estás?». Las sinterpelaciones telefónicas fueron haciendo un poco más amena la espera hasta la Plaza Mayor. El cortejo no hizo acto de presencia en el principal cuadrilátero de la ciudad hasta las 20.50 horas, cuando el guión de la Banda de Cornetas y Tambores de la Real Cofradía de Minerva y La Vera Cruz cobró cuerpo, seguido de la Agrupación Musical del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, que para enfilar el contra-consistorio viejo, eligió La Saeta .

La Junta de Seises de la cofradía de Nuestra Señora de Angustias y Soledad dio escolta previa a la talla que enorgullece a la parroquia de Nuestra Señora del Mercado y la Santa Fila tomó dirección a la capilla del Cristo de La Victoria. A esas horas de la noche, aún les quedaba un largo tramo antes de poder disfrutar de una jugosa cena a base de escabeche de tino con aceitunas y bacalao, aderezado con un postre de queso, como manda la tradición de la más antigua de las cofradías de la capital.

Camino de la capilla, al encuentro de las obligaciones que se establecen ante el Cristo de la Victoria, al primer capítulo de la Semana Santa se le fue poniendo cara de epílogo. Los sones de la dulzaina todavía reservaban momentos intimistas y como quiera que a esa hora de la noche al cielo aún no le había dado por llorar, al coro municipal le cupo el honor de cumplir con su parte del guión.

El resto ya es historia, como la hoja del calendario de ayer. Los hermanos de Jesús acudieron prestos a dar cuenta de las viandas antes de la medianoche. ¿Miedo a convertirse en calabazas? No. Que a esa hora tiene que comenzar el conciliábulo en el que se propone formalmente al abad para el siguiente año y no era cuestión de hacer un feo con Fernando Salguero. Sea enhorabuena. Lo suyo y lo del inicio de la Semana Santa, aunque ya sólo quedan nueve días...

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