De una tarde de histeria a una noche de historia
Jesús Divino Obrero hace un sitio al Cristo de los Balderas de Las Siete Palabras como consuelo por la suspensión del viernes
Pasó fugaz el Sábado Santo, como la Semana en sí. En apenas un suspiro se consumieron las tres procesiones del programa y al entierro sólo le falta el epitafio.
Inició la sesión vespertina el Desenclavo. Había hecho acto de entrada ya en la Plaza de San Isidoro la banda de La Vera Cruz y Confalón de Astorga, pero el sonido imponente de La Agrupación Musical de Santa Marta y La Sagrada Cena llenó de solemnidad la tarde. No sirvió para eliminar la sensación de estar asistiendo a los actos de La Pasión en Groenlandia, pero siempre se agradece que el tímpano por lo menos se reconforte un poco.
Y entró en escena el Santo Cristo del Desenclavo. A la salida de Santa Marina se habían llevado los hermanos un susto a cuenta de la escalera de la talla, que amenazó con provocar un disgusto, pero la cosa se quedó en amago.
La Muy Ilustre, Real e Imperial Cofradía Del Milagroso Perdón De San Isidoro recibió bajo la Real Colegiata a la talla principal y como la tarde iba a ir de hermanamientos, a las Bienaventuranzas les pareció bien reeditar la confraternización. Portaron el lecho en el que luego reposaría el Yacente.
La muerte no es el final , tema propio donde los haya para un día como el de ayer, puso acompañamiento sonoro, de la mano de la elegante y siempre ponderada Agrupación Musical del Dulce Nombre de Jesús Nazareno a la aparición de María Santísima del Desconsuelo. Y a diez minutos de las siete de la tarde, se inició la ceremonia que da nombre al acto.
El canto de la Adoración de las Llagas envolvió la Santa Maniobra (neologismo inventado sobre la marcha, se reconoce). Moisés García, fotógrafo ganador del concurso oficial de carteles de la Semana Santa de este año, se vio por un momento transportado a un año atrás, cuando inmortalizando este mismo momento, se hizo acreedor al premio, en una posición similar a la que ocupaba ayer.
La Piedad, ya sin el plástico que había provocado algunos nervios momentos antes de comenzar el acto, paso a ocupar su sitio. Fue acabar el acto y un pobre vendedor de globos perdió toda su mercancía, víctima de un despiste inoportuno que le amargó la tarde y llenó de colorines el cielo de San Isidoro.
El Santo Sepulcro-Esperanza de la Vida, tomó el relevo en la Catedral. Modificaciones puntuales recorrido y la incorporación de dos nuevos puntos a la ceremonia de entrega del fuego, en la parroquia de San Martín y en las Madres Concepcionistas, además de la Catedral, se hicieron el grueso de su programa. Mientras la Agrupación Musical de la hermandad abría la procesión a los acordes de Perdona a tu pueblo y de Consuelo gitano , un peculiar espectador se dibujaba la Catedral a bolígrafo en una manga de su camiseta...
Jesús Divino Obrero y Las Siete Palabras materializaron un abrazo en forma de procesión. La Soledad incorporó al Cristo de los Balderas a su cortejo, para consolar a los hermanos de la tricolor, después de que no hubieran podido sacar a su titular el viernes por la lluvia.
El Cristo de la Misericordia de la hermandad de El Ejido, la Santísima Cruz de La Esperanza, San Juan Evangelista y las Tres Marías hallaron un inmenso pasillo repleto de público en la calle José María Fernández. Una larga hilera de papones de filas certificó que las cofradías no sólo se sienten cuando hay un brazo al que arrimar el hombro y conformaron una versión moderna y estilista de la Santa Compaña. Simplemente, precioso. .