Diario de León

CAPILLOS ARRIBA

El mensaje tal y como debe ser

Los papones guardan ya sus túnicas hasta el año que viene tras una Semana Santa donde la mayor parte de cofradías pudieron procesionar.

Los papones guardan ya sus túnicas hasta el año que viene tras una Semana Santa donde la mayor parte de cofradías pudieron procesionar.

Publicado por
PABLO RIOJA BARROCAL
León

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Se admiran o rechazan casi por igual, cortan calles, provocan lágrimas entre quienes las viven y desconcierto en aquellos que se hartaron de sermones empachados de teoría pero estériles de comprensión. Hay hasta quien reclama un ‘papódromo’... así son las procesiones. Hace pocas fechas asistía a un acto casi heroico en nuestros días, la ordenación en la catedral de un joven presbítero. Llegaba tarde y me encontré las rejas cerradas a cal y canto por orden del Cabildo. No se nos permitía pasar ni a mí, ni a los pocos fieles que por diferentes causas no pudieron acudir a tiempo. Pagué mi enfado con el guardia de seguridad, pero él sólo cumplía su labor. Mis disculpas hacia él. No así hacia quienes se creen los dueños del cortijo.

Decía el Papa Francisco en la pasada JMJ de Brasil que quería «lío en las diócesis» y una Iglesia que deje de mirarse el ombligo y salga a buscar y a consolar ovejas perdidas. Una Iglesia que evangelice con el ejemplo, más que con la palabra. No seré yo quien tire la primera piedra contra la Semana Santa, pues aunque escandalice a muchos —en algunos casos con más razón que un santo— no deja de ser una de las pocas manifestaciones públicas que rescatan el mensaje de Jesús y lo muestran tal cual fue, sin interpretaciones ni dobles sentidos.

Algunos van a que se les vea sí, o quizá a realizarse bajo un cargo de importancia. Otros no creen, ni pisan un templo el resto del año, pero vaya usted a saber por qué, en estos diez días sienten la necesidad de enfundarse un capillo, pujar un Paso, tocar la corneta o simplemente coger su cruz y caminar como papón de fila.

Y lo mismo a los incontables que se agolpan en las aceras, ya sea por cultura, devoción, amor a una imagen o mero entretenimiento. Cada uno sabrá qué fe es la que profesa, pero el Cristo que ayer resucitaba lo hizo para todos, sin importarle nuestra condición. Sería injusto olvidarse de aquellos que siempre están pero nunca se les ve. Los que en silencio y sin cámaras de por medio cuidan las tallas, adornan los tronos, ensayan marchas casi durante todo el año, los que se conforman con pujar unas tiradas, las manolas, los que caminan descalzos por una promesa, los encargados de la logística, quienes portan incensarios, faroles o cirios, los que sólo rezan... ellos y otros tantos anónimos son el verdadero alma de la Semana Santa leonesa. Fiesta que para bien o para mal, llena de colorido las calles de toda la provincia. Me ha gustado, por cierto, encontrarme al obispo de León en varios actos oficiales o como un ciudadano más viviendo las procesiones. Ese es el mensaje de Francisco; la normalidad.

Vuelven los turistas a sus moradas, los globos de Bob Esponja se desinflan sin nadie ya a quien seguir, los puestos ambulantes de obleas echan raíces en Botines mientras el antiguo reino brilla como siempre. ¡Que sea enhorabuena!

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