Diario de León

El eterno debate de Semana Santa llega a León: ¿Puedo procesionar si no creo en Dios?

Sociólogos, antropólogos y representantes de hermandades analizan si la participación de personas ateas o no creyentes en las estaciones de penitencia desvirtúa el sentido religioso o fortalece el tejido cultural

ANGELOPEZ

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León

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La Semana Santa española se enfrenta cada año a una paradoja sociológica que crece con el tiempo. Mientras las estadísticas de práctica religiosa en las iglesias descienden, el número de hermanos y nazarenos en las cofradías no deja de aumentar. Este fenómeno ha reabierto un debate intenso en los mentideros de las hermandades sobre si es lícito participar en una estación de penitencia —ya sea como nazareno o como costalero— cuando no existe una fe real en la divinidad, sino un fuerte apego a la tradición o a los lazos familiares.

Para muchos expertos, la respuesta reside en la naturaleza híbrida de la fiesta. Salvador López, sociólogo, sostiene en declaraciones recogidas por el portal Asturias Laica (marzo de 2021) que en lugares como Sevilla la Semana Santa funciona como una auténtica fiesta de la primavera con un peso antropológico mayor que el espiritual. Según López, el fenómeno tiene más de cultural que de religioso, llegando a afirmar que en esas fechas el teatro se traslada a la calle, convirtiendo la ciudad en un escenario donde la identidad local se impone a la liturgia pura.

Desde la perspectiva de los protagonistas, los testimonios revelan una motivación basada en la herencia emocional. En un reportaje publicado por La Razón en abril de 2025 bajo el título "Ateos y Semana Santa: ¿tradición o hipocresía?", un participante anónimo explicaba que su salida en la cofradía de la Soledad de San Lorenzo no respondía a la fe, sino a un rito de unión con su padre y su abuela. Para este perfil de participante, la túnica no es un símbolo de redención de pecados, sino un uniforme de pertenencia a un grupo social y familiar, una "chicotá" emocional que justifica el esfuerzo físico y económico.

Sin embargo, esta visión choca frontalmente con la postura de los sectores más ortodoxos y de algunos capataces de renombre. Ramón Ariza, histórico capataz de la Semana Santa sevillana, defendía en declaraciones publicadas en El Observatorio del Laicismo (abril de 2011) que el compromiso bajo el paso nace de una "profunda fe". Ariza argumentaba que, sin ese componente espiritual, nadie se sometería al castigo físico del costal, defendiendo que el trabajo de los costaleros es, en esencia, una labor de evangelización por las calles y no un simple desfile cultural.

El debate actual no parece tener una solución de consenso, pero los expertos en gestión de hermandades coinciden en que la apertura es clave para la supervivencia de las instituciones. En el análisis ofrecido por el espacio de debate Heterodoxia y Hermandades "Pirata" en 2025, se subrayaba que cualquier hermandad que no se adapte a la realidad social de su entorno acaba por desaparecer. El argumento central es que, mientras exista respeto y se cumplan las normas de la cofradía, la "altura de miras" debe permitir que creyentes y no creyentes compartan un espacio que, al final del día, define la identidad de todo un pueblo.

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