Diario de León

«Venimos a pedir misericordia, no a reclamar justicia», dijo el abad ante el Locus Appellationis de la Catedral de León

Cuarenta años de Perdón y 16 indultos

La cofradía del Santo Cristo del Perdón procesionó durante cinco horas con cuatro pasos

Ana Gaitero
León

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A paso lento, con aroma a incienso y con una escena más de la Pasión -el paso de la Condena de Cristo- llegó anoche a los pies de la Catedral de León la procesión del Perdón, cuarenta años después de su primera salida penitencial, en la Semana Santa de 1965. La plaza, abarrotada de público, fue testigo del décimosexto indulto que consigue la cofradía del Santo Cristo del Perdón, el octavo desde que renovó la tradición en 1998 y que ha supuesto la libertad para Alfredo Rejado, de 37 años y natural de La Rioja, quien cumplía condena de nueve años en la prisión de Mansilla de las Mulas por un delito contra la salud pública. El cortejo salió a las siete de la tarde del hogar de Ancianos Desamparados, en la calle Corredera, y se situó frente al Locus Appellationis del atrio de la Catedral -el lugar de la Justicia reconocido en el Fuero Juzgo de León del siglo XI- pero su intención «no era reclamar justicia, sino pedir misericordia». A medida que llegaban a la plaza, los cofrades bailaban los pasos al ritmo de cornetas y tambores de las bandas de música de Cristo del Gran Poder, el Perdón y Santo Sepulcro Esperanza de Vida. El primero en entrar, ya con la noche arropando el cielo, fue la Condena de Cristo, novedad del cuarenta aniversario del Perdón. Se trata de una escena, aún incompleta, tallada por Manuel López Bécker para representar el momento del juicio en el que Cristo es condenado por blasfemo. El paso titular de la cofradía, el Cristo del Perdón custodiado, como el anterior, por soldados romanos, adornado con flores anaranjadas y rojas y precedido por el hermano que lleva el hábito del indultado. Jesús, arrodillado ante el Padre y con la cruz tendida ofrece el Perdón con sus manos. El expolio, que pujaron 88 braceros, es obra del escultor leonés Ángel Estrada, la última que realizó, en 1966, para la Semana Santa. La cofradía del Perdón -fundada en 1964- tiene como principal objetivo «dar auxilio y libertad a un penado de la justicia». Por ello, entre sus cofrades hay un hermano que cumple la misión de portar durante la primera parte de la procesión la túnica, el capillo, la faja blanca y la cruz atada con una cadena que componen el austero hábito de la cofradía, del mismo color que los hábitos franciscanos. Posteriormente, entró en la escena del Perdón el paso del Cristo de la Esperanza pujado por 24 hermanos y hermanas de la cofradía de las generaciones más jóvenes, entre 14 y 17 años, que se han incorporado a la hermandad penitencial. La imagen de este crucificado preside el altar mayor de San Francisco de la Vega, la sede canónica de la cofradía del Perdón. Por último, llegaron las 84 braceras pujando el paso de la Madre de la Paz, obra del escultor leonés Amado Fernández, que representa a la madre de Cristo en su soledad. La imagen mariana, que se estrenó en la procesión de 1984, está ataviada con un manto bordado en oro por las madres benedictinas del convento de Santa María de Carbajal. Antes del acto del perdón, uno de los momentos más emotivos de la procesión pudo ser contemplado ante la iglesia de San Martín, donde el grupo Andadura entonó el Perdona a tu pueblo, La madre estaba llorosa y la Salve triste y reina al paso de los papones. Frente a la capilla del Cristo de Ánimas y Santo Cristo de Fuera de San Martín realizaron la tradicional ofrenda en memoria de los hermanos fallecidos. Es además uno de los lugares más agradecidos para contemplar el cortejo.

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