Soleares
Los reyes isidorianos
quieren salir a la calle
a ver al Sacramentado
que va escoltando dos Madres
que aunque tristes se emocionan
con las voces celestiales
de unas cornetas plateadas
que tocan por soleares.
Cuando lleguen al Begoña
entre ceras humeantes,
muy cerca de ese rincón
habrá rezos virginales
pues las madres Carbajalas,
nos recuerdan, Dios mediante,
que la Cruz del Redentor
tiñe un capillo de sangre.
Y soñaremos en breve
con guiños de Soledades,
con Vía Crucis silentes
que hacia San Claudio se abren.
Y allí con la noche encima,
buscaremos los detalles
en la memoria perdida
de una misteriosa tarde
de un sábado leonés,
de una pasión perdurable,
de emociones contenidas,
entre cantos y timbales
y sabremos que esos reyes
habrán estado en la calle-¦