Diario de León

Castilla y León, los vinos que representan la singularidad de toda una comunidad

Una bodega de la IGP.

Una bodega de la IGP.b. fernandez

María Carnero

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Los vinos amparados por la IGP Castilla y León, en su denominación tradicional, Vino de la Tierra de Castilla y León, pueden ser vinos tranquilos (blancos, rosados y tintos), vinos de licor, vinos espumosos de calidad elaborados por el método tradicional, vinos de aguja y vinos de uva sobremadura.

Al abarcar todo el territorio de Castilla y León, sus vinos, en especial sus blancos, ofrecen una gran singularidad, debida fundamentalmente a las cualidades aportadas por las variedades más representativas de la comunidad como la Verdejo, la Godello, la Prieto Picudo y su gran adaptación al medio y, por supuesto, a la intervención humana que ha aplicado la más moderna tecnología para la consecución de un producto de alta calidad.

Los vinos tintos deben sus características, en gran medida, al equilibrado proceso de maduración de las uvas que permite el duro clima castellano y leonés. Las temperaturas altas al final del ciclo, pero, especialmente, la diferencia de temperaturas entre el día y la noche, que tiene lugar en la meseta castellana en los meses de agosto y septiembre, permiten una maduración fenólica óptima para la elaboración de vinos de guarda.

Los vinos espumosos han permitido aprovechar el potencial de algunas de las variedades autóctonas (Godello, Verdejo, Prieto Picudo) para hacer este tipo de vino y presentar rasgos diferenciales con espumosos de otras zonas.

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