José Álvarez: «No cambio la tranquilidad del campo por nada»
Lleva más de media vida dedicada al campo. Dejó el estrés de su trabajo en un taller para formar una familia junto a su mujer en el medio rural
RAMIRO
José Álvarez no cambia la tranquilidad y el silencio del campo por nada del mundo. Para él es «la mejor oficina, esa donde tu eres tu propio jefe, nadie te grita y nadie te dice lo que tienes que hacer». Este agricultor de 42 años, natural de Villarnera de la Vega, ya ha dedicado más de la mitad de su vida a la agricultura.
Hijo también de agricultores, comenzó su vida laboral trabajando en un taller de coches, como chapista, en la capital de León, cuando su padre sufrió un infarto, del que afortunadamente se recuperó, pero que le obligó a tomar una decisión que cambiaría su vida. Finalmente, tras intentar compaginar su trabajo con las labores del campo, apostó por la agricultura, y se hizo con la explotación de su padre a la que sumó también algunas fincas de su suegro.
Hoy en día José Álvarez trabaja un total de 70 hectáreas de regadío, en la próspera vega del Tuerto-Órbigo, donde cuenta con diez cultivos diferentes, entre los que destaca la patata, la remolacha, las alubias, el cereal y el maíz. Además, es socio de cuatro cooperativas y está en la directiva de Prodeleco. Vive en San Cristóbal de la Polantera, en la casa familiar que ha levantado junto a su mujer, Victoria, la peluquera del pueblo y uno de los pilares de su vida. «Me ha apoyado en todo, destaca.
Este matrimonio y sus dos hijas de 14 y 12 años, son un claro ejemplo de apuesta por el mundo rural. «Puedo estar orgulloso de que jamás me he perdido una actuación de mis hijas en el colegio, aunque después tuviera que estar toda la noche arando», afirma este agricultor, que destaca que «es una de las grandes ventajas de su trabajo, «que eres tú el que organizas tu tiempo». Lo que para él ha sido más difícil aquí es emprender, porque «es muy complicado encontrar mano de obra que ayude, por lo que todo el trabajo depende de ti», destaca Álvarez, algo que para él es quizás lo peor de esta profesión. Afortunadamente, sus dos hijas ya le echan una mano en algunas labores, lo que para él además de ser un orgullo es un alivio.
«No me disgustaría para nada que se dedicaran a esto, pero son muy pequeñas, que sean lo que quieran», afirma este agricultor, que destaca el importante papel o que actualmente tienen las mujeres en este sector.
Para él, uno de los aspectos que quizás esté perjudicando al sector, y que puede desanimar a los jóvenes a dedicarse al campo, es la incertidumbre a la hora de planificar los cultivos. «El baile de precios genera mucha inseguridad, los estamos sufriendo con el maíz, que ahora mismo está por los suelos, mientras que los gastos de producción son los mismos, lo mismo ocurre con la patata, que no sabes ni que sembrar porque no sabes como te la van a pagar el año que viene».