La crisis porcina deja pérdias millonarias
Los ganaderos leoneses pierden 30.000 euros diarios por la caída del precio del cerdo tras el brote de peste porcina africana detectado en Cataluña

Los precios de la carne de cerdo se han desplomado.
La crisis generada por la peste porcina africana (PPA) amenaza con agravar la delicada situación del sector porcino leonés, uno de los pilares de la ganadería en la provincia. Desde que se confirmó el primer foco del virus en Cataluña, a finales de noviembre, los efectos económicos se dejan sentir en los mercados, y los productores de León comienzan a cuantificar pérdidas millonarias.
Según datos facilitados por Asaja León, cada día, de media, unos 1.000 cerdos procedentes de explotaciones leonesas son enviados al matadero con un peso medio de 120 kilos por animal. Desde la aparición del brote, el precio del cerdo ha caído 26 céntimos por kilo, lo que supone una pérdida de 31 euros por ejemplar. En total, las pérdidas ascienden a 30.000 euros diarios en la provincia, una cifra que, por el momento, están soportando las empresas integradoras, aunque los ganaderos advierten de que si la tendencia continúa, será insostenible mantener el ritmo productivo.
«Estamos ante un golpe directo a la rentabilidad de las explotaciones», señalan desde la organización agraria. «Los márgenes se han estrechado y, con esta caída de precios, muchos pequeños y medianos productores se verán abocados a pérdidas significativas».
Los datos del Índice de Precios de Consumo (IPC) confirman que el porcino es, por ahora, el único tipo de carne que registra una bajada de precios. En noviembre, la carne de cerdo se abarató un 0,4 % en Castilla y León y un 0,1 % en el conjunto de España, el primer descenso mensual desde junio, según el último informe publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
En la comparativa interanual, el incremento es de apenas 0,8 % en Castilla y León y 1,3 % a nivel nacional, los aumentos más moderados desde mediados de 2022. En contraste, el resto de carnes presentan subidas significativas: el vacuno se encarece un 19,2 % en Castilla y León (18 % en la media nacional), el ovino un 7,7 %, y la carne de ave un 4,6 %.
La tendencia bajista en el porcino coincide con el inicio de la crisis sanitaria tras el hallazgo del primer jabalí infectado por PPA en Cataluña el pasado 28 de noviembre. Aunque los efectos plenos aún están por verse, el mercado ya reacciona ante la incertidumbre y el temor a restricciones comerciales.
«La provincia de León concentra una parte significativa del censo porcino de Castilla y León. Si esta situación se prolonga, el impacto podría ser devastador no solo para los productores, sino también para toda la cadena agroalimentaria», advierte la organización.
El sector teme que una prolongación del brote o el cierre de mercados internacionales pueda generar un efecto dominó que arrastre al conjunto de la Comunidad. «No se trata solo de una cuestión sanitaria, sino de supervivencia económica para centenares de familias que dependen del porcino», subrayan los ganaderos.
Por ahora, el Gobierno y las organizaciones agrarias coinciden en un objetivo común: contener el virus, estabilizar los mercados y proteger a los productores. No obstante, el escenario sigue marcado por la incertidumbre y la preocupación, mientras la carne de cerdo —tradicionalmente un producto estable en precios— se convierte en el termómetro de una crisis que podría tener largo recorrido.
El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, defendió esta semana en el Congreso de los Diputados la gestión del Gobierno ante el brote y subrayó la importancia de mantener abiertos los mercados exteriores para evitar un desplome mayor del precio del cerdo.
«Uno de nuestros principales objetivos ahora es conseguir mantener los mercados abiertos para que los precios del porcino se vean lo menos afectados posible», declaró Planas. De momento, Reino Unido, China y Corea del Sur continúan aceptando productos procedentes de las zonas no afectadas por la PPA, mientras que España negocia con Japón, Filipinas y otros países para que reconozcan la llamada regionalización sanitaria, que permite diferenciar entre regiones con y sin presencia del virus.