En breve
La mariposa
Ricardo Fernández. Edición del autor. Portada de Carlitos. Berna, 2008. 76 pp.
NICOLÁS MIÑAMBRES
Es incuestionable, y además necesario, el valor terapéutico de la creación. Pero es cosa bien distinta pretender que tal terapia lleve, en algunos casos, implícita la condición estética. Es algo evidente en este Mariposa , poco más que un folleto en el que reinciden la mayoría de los tópicos de la belleza lírica y delicada del mundo natural. Sirva de orientación el pórtico que abre estas páginas: «Una mañana engalanada para sus fiestas, estaba yo sentado entre las flores silvestres escribiendo un perfumado poema. Cuando, de pronto, una Mariposa blanca, muy blanca y muy hermosa, se me posó en la mano derecha. Me acarició y me besó cuanto quiso, y luego me rogó; ´Amigo, cuéntame un cuento´. Estaba tan sola y era tan bella. ¿Cómo negarle al corazón sus ruegos?
Yo le conté mil cuentos. Ahora os cuento su historia».
Felizmente, el poeta no le cuenta a la mariposa los mil cuentos confesados, pero es suficiente con los que reproduce en estas seis docenas de páginas. Alba, la mariposa, y Áurea la flor («Áurea era hija de las siete auroras del Arco Iris») serán las felices compañeras que lleven al autor por un mundo de belleza, poesía, felicidad... en el que aparecen personajes universales, desde el poeta hasta el Principito, sin olvidar al burro Platero. Todo sirve: desde el viento del Norte hasta el caracol, la mimosa o el queso del cuervo. Con una agobiante utilización de los epítetos más convencionales, las distintas secuencias no son sino una artificiosa visión de los tópicos más universales y artificiosos. Y, desgraciadamente, en absoluto regenerados con nueva interpretación literaria.