Ensoñaciones y recuerdos de las obras de arte más queridas
Vanitas. 51, avenue d-™Iéna
Almeida Faria. Ed. Trea (col. Artes), Gijón, 2009. 42 pp.
Nueva versión del cuento de Almeida Faria, uno de los narradores más sólidos de la literatura portuguesa, diez años después de su escritura. Paula Rego, una notable pintora portuguesa, «iluminó» después «esta nueva versión con el tríptico Vanitas -”leemos en el Preámbulo-”, reflexión visual acerca del propio concepto de vanitas como precariedad de nuestra frágil existencia humana».
El resultado es una delicada sugerencia de lectura.
Los ruidos despiertan por la noche al artista, que sube hasta el tercer piso y «me encontré con una puerta de dimensiones imponentes, con maderas trabajadas, acceso probable a secretos extraordinarios». Un extraño personaje le cuenta la vida de los cuadros que cuelgan en sus paredes, y de otros, y su relación con el arte. «La pintura -“dice- me obsesiona tanto que la calidad de las ciudades depende de sus museos de bellas artes». Y en otro momento: «Nada proclive a fervores religiosos, he venerado a dos únicos dioses: el arte y la naturaleza».
Es el mecenas y coleccionista Galouste Gulbenkian quien, en su palacete parisino de la avenida de Iéna, 51, protagoniza el encuentro, cuenta y entrevera su narración con reflexiones sobre el arte -”el texto está ilustrado con algunas de las obras a las que se hace referencia-”, lleno con frecuencia de simbolismos y de historias que sobrepasan su estricta presencia. Una de sus frustraciones, sin embargo, es no haber conseguido «una de aquellas misteriosas naturalezas muertas denominadas vanitas , que traducen en imágenes el -˜memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris-™». El tríptico de Paula Rego creado especialmente para esta obra adquiere así una dimensión plena.
Una obra breve pero intensa, contada con soltura, que, en su brevedad, resulta especialmente atractiva por cuanto en ella se dice y por la pulcritud editorial.