Diario de León

Entre los tópicos festivos y los recursos metaliterarios

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Sólo los tontos creen en el amor

Marta del Riego Anta. Ed. Esencia/Planeta, Barcelona, 2010. 344 pp.

NICOLÁS MIÑAMBRES

De tópicos festivos pueden calificarse los aspectos seleccionados por Marta del Riego para ofrecer una visión desenfadada de ciertos ambientes rutilantes, modernos, desinhibidos. Son esos mundos de la moda o del periodismo televisivo que tan lejanos y atractivos resultan al público medio. Responsable de una prestigiosa revista femenina, Marta del Riego (además de haber estudiado en Londres y Berlín) juega con la ventaja de haber nacido y crecido en un pueblo, lo que le permite aprovechar novelísticamente esas experiencias.

La novela desarrolla un sencillo argumento. Lina Babia, periodista de la Voz Leonesa, es contratada de forma inesperada para una importante cadena de televisión, lo que le supone un cambio absoluto de vida y de costumbres. Lina sufre el inevitable deslumbramiento de la gran urbe y sucumbirá a los atractivos sentimentales de Marcelo, el bello guionista argentino, símbolo de todos los tópicos habituales. Pero Lina no quiere, en principio, perder su vinculación con el pueblo, donde vuelve y se entera de las tribulaciones sentimentales de sus padres y del particular sentido del afecto por parte de sus abuelos. No falta su relación con Guille, su hermano. La protagonista disfruta del pueblo, pero el tirón de la urbe es inevitable. Aunque resulte exagerado, algún lector pensará sin duda que a Lina Babia, de alguna manera, le ocurre lo que a Luis Franco, protagonista de Vendimiario , la novela de Menas Alonso, ambientada en La Bañeza.

El retorno a la capital de España es, a la vez, el comienzo de una experiencia itinerante. Lina viaja profesionalmente a Berlín y viaja con Marcelo a la Argentina. Su indecisión amorosa queda clara en aquellas tierras: tendrá que romper sentimentalmente con Marcelo. Y éste es el origen de esos «recursos metaliterarios» aludidos al comienzo de estas líneas. Marcelo escribirá una novela que es la crónica de su experiencia con Lina, cuyo final está condicionado a la evolución de los acontecimientos. Este aprovechamiento literario se convierte en el del motivo de la ruptura definitiva. Curiosamente, la actitud de Lina Babia no está lejana de la escena en la que Augusto Pérez, el protagonista de Niebla, se rebela contra Unamuno, su autor.

Pero el entusiasmo afectivo de Lina encuentra rápido acomodo sentimental, y, de paso, acomodo creativo. Al final (lo mismo que ha hecho Marcelo como terapia tal vez) Lina se pone a escribir una novela; tal vez la novela que lleva escribiendo durante toda su vida y que es la que el lector está finalizando. Su comienzo es muy preciso: «Me llamo Lina y a veces me enamoro». Y aclara, dirigiéndose a Andreas, su recambio sentimental: «Quiero contar mi versión -le dije casi sin voz». Lina cambiará el comienzo, y el título. Y seguramente no escribirá esa novela que promete, pero es lo de menos. A fin de cuentas, ya lo ha hecho Marta del Riego. Y sin duda puede afirmar como Lope al final con los versos del soneto: «Contad si son catorce y está hecho».

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