Francisco Pérez Herrero enSanta Lucía
El día 3 de diciembre de 1980, víspera de Santa Bárbara, se celebraba en el Casino de Santa Lucía la entrega de premios que sobre poesía minera había convocado esta Sociedad, que, con éste y otros actos, conmemoraba el «Treinta Aniversario del Círculo Recreativo y Cultural (1950-”1980)», conocido popularmente como Casino. El segundo premio fue para Balada emocional. Poema para una mina , original de Francisco P. Pérez Herrero, que asistió a la velada para recibir el premio y recitar su texto. Por cierto, muy bien acogido por el público que abarrotaba el salón, dada la calidez humana que siempre caracterizó a Pérez Herrero, que, antes del poema minera, saludó a los asistentes con un «Poema relámpago como saludo a Santa Lucía», titulado realmente Latido de poema . Éste:
¡Clavada piedra de vuelo,
arteria de gravedad,
bóveda con oquedad
entre montañas y cielo!
¡Almenas, desfiladeros,
maravillosos neveros
y en minería, la flor!
¡Villa hidalga, hospitalaria,
con un alma extraordinaria
por ser corazón y amor!
Quede testimonio aquí de este texto dedicado a la localidad conocida a principios del pasado siglo como «la tacita de plata», como cuento en el apartado dedicado a las tierras de «El Bernestga» en el tomo II de El siglo de León. Todos los pueblos y sus gentes 1901-”2000 , editado en fascículos por Diario de León en el año 2002. Lo cierto es que el testimonio escrito de éste y otros premiados, junto a la crónica de los actos del treinta aniversario a que nos referimos, quedó para siempre en una separata inserta en el número de diciembre del mismo año en la revista «Ho rnaguera».
Habrá que recopilar algún día -“y aquí queda la idea-” los textos sobre Ciñera de Gordón, su faedo de forma singular, escritos en buena medida por autores de la tierra. Pero traigo aquí hoy el recordatorio de un texto, referencial y simbólico, Memoria de lo que hemos perdido , en que Ignacio Fernández Herrero evoca la ausencia de su amigo Fernando González Santos, al que está dedicado. Está publicado en Lógica borrosa (seguido de Geografías) , p. 49, título que forma parte de la colección «Provincia» y fue editado en 2006. Leemos:
«Lo sabemos: fuimos seres mortales, y el más alto edén, como nuestro infierno, tuvo la condición de lo diario:
un lienzo de aulagas y piornales a pies del Teleno; las cumbres grises de Ciñera; el camino de arcillas por donde el Sil conduce sus aguas hacia los valles; los montes de León; los robles olvidados entre pinos. Y allí, lagunas glaciares; allí, los pastos y las minas; allí, la vega».
Un hermoso texto para saborear y guardar.
Guillermo de Torre en La Pola de Gordón
Nada hay que decir de la importancia extraordinaria de Guillermo de Torre (Madrid, 1900-”Buenos Aires, 1971), el verdadero teórico y dinamizador de las vanguardias artísticas españolas. Y, por tanto, una de las figuras capitales de nuestra cultura en el último siglo.
Hay que afirmar, eso sí, por el interés que ahora nos convoca, la relación que tuvo con La Pola de Gordón, donde vivió desde 1906 a 1910, ya que su padre, Guillermo de Torre Molina, por el que sentía «devoción preferente», ejercía en la localidad gordonesa como notario. Que yo sepa, el escritor no había dejado constancia literaria pública del evento. Pero en el año 2000, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, cambiaron las cosas: aparecieron las «Memorias de mi vida», Tan pronto ayer , nueve textos inéditos, transcritos y dados a la luz por su hijo, Miguel de Torre Borges, entre los que destacan aquellos que suponen una recuperación entrañable de la infancia. Lean Beber en la fuente , escrito en 1967: «Durante muchos años había acariciado el proyecto de «volver a las fuentes»: es decir, a cierto pueblecito de la montaña leonesa donde paso los verdes años de la infancia, ese periodo entre los seis y los diez años donde transcurrieron los días que marcan el límite entre la preconsciencia y la conciencia amaneciente de la pubertad. Por razones paternales, la profesión notarial de mi padre, obligado a vivir en pequeños lugares, fue concretamente en un pueblecito llamado Pola de Gordón, vecino a la capital leonesa y próximo también a la raya asturiana casi lindante con el puerto montañoso de Pajares, donde quedaron anclados mis recuerdos más sentimentales de los verdes años. ¡Cuánta emoción preveía al volver, pasado más de medio siglo, a tales lugares. ¿Se habrá confirmado o desvirtuado ahora tal ilusión? Más bien -“seré implacablemente sincero-“ lo último.
¿Dónde reencontrar más recuerdos de infancia? ¿En Infiesto, lugar de nacimiento del abuelo? ¿En Miyares, donde pasé un verano a los cuatro años, en aquel robledal tupido? Recuerdo asociado a un golpe de piedra sobre el labio, a las primeras palabras farfulladas -“que, claro es, no recordaba por mí mismo sino por las narraciones familiares-”.
Supremacía del paisaje, del verdor perenne, de las viejas piedras».
Según su hijo, Guillermo de Torre siempre tuvo la idea de componer sus Memorias . Lástima que no lo haya hecho, pues hubiéramos gozado con más textos sobre aquellos años de la infancia. «Estos fragmentos -“escribe su hijo-” los encontré manuscritos y los transcribí en febrero de este año [2000] sin alterar una coma». Reproducimos, recuadrado, en esta página, otro, Un viaje a la fuente .
Tres referencias mínimas, en definitiva. Hay muchas más. Queden, de momento, éstas con el ánimo de que sirvan como acicate de una búsqueda más amplia por parte de posibles interesados.