Diario de León
Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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Agenda de los signos

José Luis García Herrero. Hontanar, Ponferrada, 2010. 110 pp.

Agenda de los signos es el tercer libro poético de José Luis García Herrero. Anteriormente había publicado Yotuel. El contorno del aire (2006) y Palabras contenidas (2008). En ellos el tiempo como condición humana se elevaba por encima de otras preocupaciones. Reflexión, densidad de pensamiento y sentir profundo eran otras de sus características. Todo ello lo volvemos a encontrar en el nuevo poemario. El primero de los poemas es ya de tal contundencia existencial que parece presagiar un tema (el tiempo y la muerte, la vida por lo tanto), un tono de amargo desengaño y un sentimiento de desvalimiento. He dicho contundencia. Lo contundente produce gran impresión en el ánimo, convenciéndole, según el diccionario académico. Nos convence porque reafirma una verdad palpable y porque lo hace con la fuerza del golpe (verbal, claro está) seco y preciso. Los poemas de García Herrero tienden a la brevedad, a la verdad escueta, que no es otra que «el paso implacable de las horas». El sujeto es el hombre en general, pero ningún hombre tan cercano a uno mismo como el propio yo, sujeto de otros poemas.

En relación con el tema principal aparecen otros motivos a lo largo del poemario, como la presencia de poetas recientemente desaparecidos, con los que establece un aparente diálogo, como Ángel González, Benedetti, al que consuela porque «sigue latiendo el mensaje / de tu historia / y desexilio », y Crémer, «poeta transparente de la dicción sencilla». Otro motivo es el de la vejez, que origina acaso los dos poemas mas de-sencajados, que percuten con vigor en el ánimo del lector; contra la tradición que hace de la vejez un pozo de experiencia y sabiduría, García Herrero habla de ella como «estúpido tesoro, / hendidura, grieta», «amago de la nada» y «sanguijuela voraz de la existencia». Tampoco los recuerdos son ese ámbito plácido con el que se suelen pintar, sino «una losa, una piedra, un voraz / incendio interminable». El poeta reflexiona en ocasiones sobre la memoria, una memoria que es personal por un lado, pero también histórica y civil (la memoria que no olvida infamias, venganzas y muertes, en relación con la guerra civil). Otro motivo es el del hombre viajero. Una gama de significados los aporta la tradición, otra la presta el poeta. La imagen del hombre viajero por la vida es muy fecunda porque supone espacios «donde siempre estuve» y «donde jamás estuve», retornos y otros sueños.

El libro termina con treinta haikus, género no nuevo en García Herrero, que lo había practicado ya en Palabras contenidas . El haiku está hoy más o menos de moda (si de tal puede hablarse en poesía) y acaso responda, como el microrrelato (otra moda) a la ajetreada vida contemporánea, sin tiempo para adentrarse en más longuras. Amor y tiempo es motivo que origina haikus como éste: «Si me recuerdas, / auque sea un momento / aún estoy vivo». El último cierra el poemario como un golpe de azada en tierra: «Punto final / del currículum vitae: / descanse en paz».

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