Diario de León

Entre el realismo mágico y una deslumbrante visión esperpéntica

Publicado por
NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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El arte de la resurrección

Hernán Rivera Letelier. Premio Alfaguara de novela 2010. Ed. Alfaguara, Madrid, 2010. 254 pp.

Pocos premios más justos y brillantes ha concedido la Editorial Alfaguara que el de la presente convocatoria. Concede el galardón a un novelista de extensa y sólida carrera literaria y, sobre todo, da reconocimiento oficial a una gran novela. No hay duda de que, desde los lectores más ingenuos hasta los críticos más perspicaces, descubrirán en El arte de la resurrección muestras del realismo mágico, visiones esperpénticas y, sin duda, claros ecos del expresionismo más audaz. Todo ello son claves evidentes de la originalidad de la obra pero, felizmente, no justifican del todo su hechizo literario.

No es desmesurado afirmar que la novela de Hernán Rivera Letelier es, de alguna manera, una novedosa imitación de El Quijote, elaborada desde los atavismos que la religión cristina provoca en el sentimiento popular, atavismos especiales por el espacio, el desierto chileno y por el tiempo: el primer tercio del siglo XX. El argumento es esencialmente baladí. El protagonista, Domingo Zárate Vega, alias El Cristo de Elqui, se siente enviado por Dios para ser reencarnación de Jesucristo. Es el fruto de la locura pero, como en el caso de don Quijote, se trata de un loco egregio, cuyas digresiones y sentencias brotan de una profunda sensatez humanística, la que esconde este «Cristo marginal». Como todo caballero andante en pos de la protección de los menesterosos, El Cristo de Elqui necesita una Dulcinea, aspiración que, dado el planteamiento de la obra, supone per se la esencia de la contradicción: Magalena Mercado (seguramente la prostituta más atractiva, desconcertante y delicada de la literatura moderna) será la estrella que guíe y reconforte al Cristo de Elqui en sus constantes fracasos taumatúrgicos. Tal vez la resurrección momentánea de Sinforosa, la querida gallina de Magalena, sea el su único milagro de El Cristo de Elqui .

Ambos personajes son una feliz y armónica coincidencia de elementos contrarios: el Cristo de Elqui predica contra el pecado mientras Magalena se esfuerza apasionadamente por conseguir que los pobres habitantes de la desértica zona de las salitreras tengan acceso al placer carnal. El desenlace se ajusta a estos planteamientos, pero sería un grave error pensar que la novela es una obra de tesis. Nada más lejos de la intención de su autor. La trama en sí (pero especialmente el soporte narrativo de su forma) la convierte en una visión de llamativa expresividad literaria. El emplazamiento espacial, la descripción del paisaje, la abnegada miseria de los personajes, su peculiar onomástica y, sobre todo, la abrumadora riqueza léxica que Hernán Rivera exhibe son la mejor prueba de que El arte de la resurrección es una de las grandes novelas recientes en lengua española. Aun considerando el riesgo que supone incidir de nuevo en la visión del realismo mágico, expresión felizmente paradójica que toma cuerpo con gran fuerza expresiva en estas páginas.

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