Las cicatrices sobre el cuerpo de África
La orilla de las mujeres
fértiles
Marifé Santiago Bolaños. Ed. Calambur, Madrid, 2010. 72 pp.
Escribe la autora en una nota: «Concibo la primera parte de La orilla de las mujeres fértiles como un libro de versos; la segunda es, sin embargo, una suerte de ensayo que elige el cuerpo poético para aparecer». Dos partes relacionadas: la primera canta y cuenta; la segunda canta y piensa, por así decir. El tema es el mismo: la mujer africana, fértil y pobre, fértil desde antes de poder serlo, la mujer-dolor desde que nace, la mujer-niña pegada a la tierra del desierto, lugar donde la historia se detuvo, donde una mujer-niña puede ser esposa a los ocho años y viuda a los nueve. Desnudez es una palabra que resume muchas vidas. Sombra es otra.
Esta poesía en verso, en versículos o en prosa, que de todo hay, respira sensibilidad, como toda la de Marifé Santiago, y en el vuelco sobre la mujer africana, piedad. No es palabra que aparezca en el poemario, pero el sentimiento brota de las circunstancias de dolor, abandono y pobreza de la mujer referida, y estas circunstancias imponen algunos relatos o fragmentos de vidas: «Una historia esperando en la tarde de África». Tras estas historias siempre hay una infancia sin infancia.
La lectura del libro de Marifé Santiago suscita muchas preguntas. Por ejemplo: esta poesía del dolor africano ¿estimula la conciencia apelmazada de una persona europea, blanca y de vida confortable? «No sé cantarle a África. Todavía disfrazo los lamentos» dice la poeta, que también se hace múltiples preguntas: «¿La ceremonia de la escritura puede restituir la decencia?». Toda la segunda parte tiene ese discurrir entre lírico y reflexivo. ¿Se trata de pinchar en la conciencia occidental? El resultado final ¿consistirá en despertarla o en apaciguarla? Son preguntas al hilo de la lectura de tragedias como ésta: «Hablo de la mujer que murió de agotamiento porque sus compañeros de patera trataron de saciar el hambre con la leche de sus pechos». Tragedias anónimas, pero que tuvieron cuerpo y alma; tragedias que la poeta extiende a «la solidaridad entre mujeres desamparadas» de todo tiempo y lugar, a las que han sufrido violencias, las madres todas del dolor, sabiendo desde dónde se habla y de qué se habla: «Del olor nauseabundo que ocupó mi conciencia, el que no se quitaba ni con jabón ni con colonia... ni con manifiestos». Como la poeta dice en otra ocasión dirigiéndose a otra mujer (africana): «En mi sueño hay una placidez de infancia que en el tuyo no se puede soñar».
Otro atractivo del libro de Marifé Santiago reside en el hecho de que viene acompañado de un CD con lectura-recitación de la poeta y música y canto de María José Cordero, que tan armoniosamente viene interpretando piezas de la poeta.