Diario de León
Publicado por
NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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Azul ruso

Patricia Esteban Erlés. Ed. Páginas de Espuma, Madrid, 2010. 132 pp.

La editorial Páginas de Espuma persiste felizmente en su proyecto de publicar muestras variadas de relato breve de autores jóvenes, consagrados o por descubrir. En este caso, se trata de Patricia Esteban Erlés, una autora de Zaragoza que, pese a su juventud, presenta una obra avalada por diversos galardones. No es extraño, porque la lectura de Azul ruso (título por otra parte del relato más extenso, dedicado a Juan Casamayor, uno de los responsables de la editorial) deja una clara sensación de sorpresa, agradable sin duda por su originalidad literaria. El término «azul ruso» alcanza en la obra una variada y plástica polisemia, algunas de cuyas interpretaciones semánticas resultan de simbología próxima a un cierto atavismo. Los gatos deambulan por las páginas (y de forma especial en el citado relato «Azul ruso») dotados de una extraña condición, diversa en cada una de las escenas. Algo parecido ocurre con el color azul, símbolo de extraños presagios.

A pesar de lo dicho, no es fácil descubrir características comunes en las narraciones, pero sí lo es comprobar la visión inquietante que subyace a la mayoría de ellos, protagonizados por seres irrelevantes, portadores de una curiosa onomástica. No sería descabellado apuntar que el mundo descrito está visto desde un expresionismo dramático en unos casos y localizado en un realismo sucio en otros. Tal expresionismo se transforma en frutos literarios espeluznantes especialmente en los relatos que abren y cierran la obra. Se observa en los dos primeros, si bien el segundo, «La chica del UHF» desemboca en un desenlace que contrasta excesivamente con el cuerpo temático del comienzo de la narración. La expresividad alcanza su cima en la desolada crueldad descrita en «Sesentamil».

Un cierto realismo sucio y desangelado se observa en «Criptonita», y de forma groseramente llamativa en «Superwind», mientras que el fracaso amoroso y la soledad se hacen presentes con cierto humorismo en «Mudanzas» y con honda tristeza en «Caballitos de mar», con un personaje cruelmente cosificado en su triste trabajo, desde el que descubre su drama íntimo.

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