Diario de León

También el 2000 tiene sugeneración poética

Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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La inteligencia y el hacha (Un panorama de la Generación poética del 2000)

Luis Antonio de Villena. Ed. Visor, Madrid, 2010. 530 pp.

Al parecer, el método generacional sigue vivo. Luis Antonio de Villena defiende el método y lo matiza en su última antología, por ahora, de los poetas jóvenes, a los que agrupa bajo el marbete de «Generación poética de 2000», desde luego con mucha diferencia de edad entre el primero, González Fuentes, nacido en 1964, y el último, David Leo, de 1988, y con pocas voces de mujer, ahora que hay tantas estimables (sólo cuatro entre los treinta y dos poetas). Para Villena, el mayor estudioso, antólogo y defensor de la poesía joven de cada momento, habría dos generaciones recientes: la del 80 (García Montero, Benítez Reyes, Marzal...) y la más nueva de 2000, con 32 poetas en marcha, como ya he dicho, una cantidad a todas luces excesiva que el tiempo y los lectores no tardarán en corregir. Villena revisa y valora las antologías anteriores sobre esta generación nueva a la que «ninguno le brinda carta de naturaleza, como tampoco lo terminaré de hacer yo mismo». Curioso, cuando menos. Esas antologías son La generación del 99 (García Martín), Última poesía española (Morales Barba), Cambio de siglo (Sánchez-Mesa) y Deshabitados (Abril). Las conclusiones que extrae son: en primer lugar, la confirmación de una nueva generación, la de 2000, separada de la anterior por «el tajo de un hacha», y el predominio del poema intelectual más que emocionante. Y de repente de-saparece la perplejidad que nos había generado el contundente título de la antología de Villena: La inteligencia y el hacha . Lo plural reducido a una dualidad demasiado cortante y definitoria en exceso. Como ha hecho en sus otras antologías generacionales (recordemos Postnovísimos , de 1986, y La lógica de Orfeo , de 2003), Villena procede después a la caracterización de las tendencias de la nueva poesía para encuadrar a los poetas seleccionados. Observa así una primera tendencia de cuño realista con doble vertiente: por un lado, «un realismo crítico-radical» más trabajado formalmente que el de sus prójimos de mayor edad y en el que el antólogo sitúa a Pérez Montalbán, García Casado, Balbina Prior y José Daniel García; por otro lado, otra bandada realista, supongo que menos radical y más trabajada, agruparía a poetas como Pérez Azaústre, González Iglesias, Rodríguez Marcos, Piquero y Luis Muñoz, al que Villena parece preferir. Otra segunda gran tendencia recibe el nombre de «Poesía metafísica» o «poesía irracionalista», con poetas más cercanos al surrealismo, como J. L. Rey o Antonio Lucas, y otros que alimentan un intelectualismo o abstraccionismo a menudo de difícil acceso, como Rafael Espejo, Mariano Peyrou, C. Pardo, J. C. Abril, A. Navarro, A. Santamaría, J. A. García Román, Ana Gorría o Javier Vela (pero qué diferente la poesía de unos y de otros). Intelectualistas lúcidos serían Álvaro García y Lorenzo Plana. Otros mantienen el equilibrio entre Orfeo y la lógica del pensamiento, como Oliván. R. J. Díaz, J. M. Romero o A. Neuman, siéndole difícil a Villena (pero ganas no le faltan) encorsetar a los poetas más jóvenes acaso aún no definidos (ni falta que les hace), como David Leo, Fruela Fernández o Elena Medel. Mucho nombre como vemos. Y ahí actuarán las preferencias lectoras, que acaso echen en falta algún nombre y desdeñen otros de los propuestos. Es la baza del lector. La mía certifica también sus gustos: la pasión pasada por el tamiz de lo clásico en González Iglesias, la palabra concisa y reflexiva de Luis Muñoz, la modernidad de mundo y la ternura intensa de García Casado, la amplitud de voz de Rey y Pérez Azaústre, el futuro de Santamaría...

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