Ecos pasados de un presente oscuro
El nombre no importa
Paula Izquierdo. Alianza Editorial, Madrid, 2010. 246 pp.
Autora de obras de variada condición científica en el campo de la psicología (aunque de entre ellas, la narrativa sea la producción relevante) Paula Izquierdo se adentra a través de las páginas de El nombre no importa en una novela de trasfondo oscuro, en la que tanto las relaciones personales como el ambiente en el que toman cuerpo, provocan un persistente desasosiego en el lector. En esta sensación de inquietud está la clave del interés de la obra. Planteada desde la perspectiva de un comienzo in medias res, veinticuatro capítulos, que culminan en XXIVª hora, recrean lo que ha sido la vida de Lara, la protagonista: una serie experiencias vitales vividas al borde del naufragio personal. Decidida a vender su espléndida vivienda, próxima al Retiro, a través de un anuncio público, Lara recibe la llamada de Ene, a quien identifica como su amiga del alma, de quien hace años no tiene noticia alguna. Ene ha sido una mujer transgresora, hermosa y valiente, fuente y origen de la admiración de Lara por ella.
El anuncio de venta se transforma en la magdalena de Proust, un epicentro emocionalmente tumultuoso que en Lara genera oscilaciones personales entre la emoción y la angustia. Las veinticuatro horas, marco cronológico real de la novela, son una crónica apasionada de la recuperación de un pasado que desapareció en extrañas circunstancias y por motivaciones casi incomprensibles. Ése es el misterio que anima la intriga de lo narrado y que tiene un plástico y expresivo símbolo en la presencia de la urraca, picoteando obsesiva e inquietante «desde la misma jardinera...». Nunca sabremos si Lara conseguirá sus objetivos, pero tal pretensión resulta casi accesoria. Lo esencial es el proceso psicológico, el esfuerzo mental y sentimental que Lara debe llevar a cabo. Hijas de familias madrileñas de alta condición social (pero sometidas a un total abandono y a la esclavitud psicológica de unas incomprensibles exigencias dramáticas) su adolescencia responde a una forma de vivir atribulada y sin sentido. Este desconcierto familiar y emocional explica las situaciones vividas, espeluznante en muchos casos.
El mecanismo de recuperación de los recuerdos sigue un doble camino. El primero tiene que ver con la actualización de ciertas vivencias, que el afecto transforma en vívidas y apasionadas actualizaciones. Pero, además de esta actualización psicológica, cobra fuerza expresiva la revisión de los diarios, reflejo literario y objetivo de las emociones. Contrastan así con los recuerdos, complementando su perfil, borroso a veces. Lara, separada (y con un hijo, Bruno, estudiante en una universidad norteamericana) ve alterada su armonía personal, serena, pero proclive a una preocupante comodidad personal. Por ello, la llamada de Ene origina en ella una intensa turbación, pero también es la milagrosa oportunidad de revivir experiencias de las que sólo existe un vago recuerdo, plasmado en los cuadernos juveniles. De ahí el milagro de esa llamada comercial , de la que no habrá confirmación precisa: la secuencia XXIª hora (en su descarnada y lacónica brevedad) intensifica el interés del lector que, en su desconocimiento, se afanará por captar el misterioso final. Estamos ante una novela que aprovecha de forma admirable el mecanismo de la recuperación de la memoria y, sobre todo, sus variados matices psicológicos, como es la recreación de mundos inquietantes, siempre atractivos en el planteamiento de una novela de semejante condición.