Diario de León

Siempre hay un lugar donde duelen las palabras

Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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Mientras el lobo está

Eduardo Chirinos. XII Premio de Poesía Generación del 27, Visor, Madrid, 2010. 64 pp.

En general la poesía española es previsible. Es de Hispanoamérica de donde viene la verdadera novedad, la palabra «nueva», la voz de lo inesperado. Mientras el lobo está , del peruano Eduardo Chirinos (Lima, 1960) es una muestra más si hiciera falta.

Un personaje habla en primera persona consigo mismo. Cada poema es formalmente un soliloquio; fuera del poema hay un receptor distinto al yo, el lector, con sus derechos bien fundados. Así que el personaje se habla y nos habla de lo que le ha pasado hace algún tempo, de la edad que él tenía entonces, de recuerdos que advienen sin permiso previo, de su vida, de lo que la rodea, de lo que le emocionó (la muerte de Lenon) y le sigue emocionando (la música de los Beatles), de encuentros que dejan huella, de insomnios..., con nombres propios que van fijando cada poema a un momento o a un lugar, a una lectura o a un deseo. De este modo el poema se prende a una realidad palpable, a la vez que se aleja de posibles abstracciones, y como está cerca del relato poético, permite una lectura grata y ágil, sin el fruncimiento del ceño que parece exigir la mayoría de la lírica contemporánea. En estos poemas de desarrollo narrativo, la mayoría, el poeta se mueve en la cotidianidad, en lo doméstico, adoptando un lenguaje coloquial y un atractivo tono de cercanía sentimental con el lector, como un amigo que nos refiere sus cuitas, algunas anécdotas curiosas que, de cuando en cuando, propician afirmaciones contundentes: «Sólo quien se sabe presa del desorden se exige disciplina»; «Lo sublime se hunde siempre en lo ridículo», etc.

Otro número de poemas se acogen a una progresión reflexiva. Yo creo que hay dos temas fundamentales en los poemas de Chirinos: el tiempo y la propia poesía. «El tiempo pasa sin hacernos más sabios», pero deja marcas imborrables, escribe el poeta. El tiempo organiza temáticamente muchos poemas y, cuando no es así, los impregna de temporalidad. Y sobre la poesía edifica el poeta un pensamiento denso, una poética que conoce bien los secretos de la poesía: se escribe para dejar una huella que exprese «que la vida pasó una vez por esos versos»; hay ideas sobre el poema que oculta el yo, sobre el silencio que dice, sobre la oscuridad del poema derivada de la opacidad significativa de las palabras; y hay un par de enunciados que me parecen incuestionables: el primero afirma que «el dolor es la materia de que están hechos los poemas»; el segundo, que todo depende de la temperatura y el tono y de tener una historia que contar, «aunque finalmente debamos ocultarla». De cualquier manera, incluso en los poemas de mayor densidad de pensamiento, sobresale la gracia, siempre presta a hacer del poema una pequeña fiesta.

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