Diario de León

Delicada y sugestiva recuperación de un mito

Publicado por
NICOLÁS MIÑAMBRES
León

Creado:

Actualizado:

El tercer concierto

José Luis Rodríguez. Ed. Eclipsados, Zaragoza, 2010. 412 pp.

Cuando la narrativa discurre por los caminos trillados y cómodos de los tópicos o por los senderos de una inocua e irrelevante autobiografía, a veces sólo sutilmente literaturizada, resulta reconfortante toparse con una obra densa, como ésta de José Luis Rodríguez. Autor de vasta cultura, dueño de múltiples recursos creativos, el escritor leonés se sumerge en una de sus experiencias estéticas más arriesgadas. No le es ajeno el género de la novela histórica, como se comprueba, por ejemplo, en El ángel vencido, pero la vida de Friederich Chopin en París, recreada en el momento de su agonía, supone un reto delicado. Especialmente porque la semblanza del músico polaco lleva implícita la presencia de una variada gama de personajes de artes y condición intelectual diversas: Heine, Marx, Delacroix, Gerge Sand, Berlioz, Rossini..., aparte de ciertas mujeres de condición aristocrática, reaparecen en los recuerdos finales del genial músico. Tan laboriosa e interesante como esta labor de rastreo erudito es la creación de otros seres humanos que dieron sentido pleno a la vida y a la muerte de Chopin. De entre todos ellos, sobresale la figura de Nicolás Pertusato, el enano, embajador del príncipe polaco Valentín Radzixil y de gran relevancia al final de la obra. Él, a quien está dedicado el capítulo cuarto, representa la mirada más arriesgada y original del arte y de la vida, compartida en algún momento, en el mundo del amor con Brigitte.

De alguna manera, El tercer concierto es una alegoría de la vida, pero sobre todo de la destrucción, de la forma en que la muerte todo lo iguala. La obra tiene mucho de danza de la muerte medieval con un tratamiento estético moderno. Y no está lejana una moderna visión manriqueña. Espacio y tiempo reciben un tratamiento especial. Si Chopin recuerda los momentos estelares de su vida y de su obra, vive también el presente de una agonía cruel, angustiosa por lo que tiene de conciencia de quien la sufre. De ahí sus obsesiones y la presencia mortificante del caballo negro. Chopin es protegido afectivamente en el final de su vida por los seres queridos, pero es también acosado por la obsesión de la muerte y el horror de ser enterrado vivo. Esta doble perspectiva temporal tiene un reflejo dramático en los monólogos del músico, indefenso ante la inminencia de la tragedia vital. El mundo de obsesiones y temores está evocado con precisión en un estilo frecuentemente de condición impresionista, así como con la ausencia de marcas clásicas en los diálogos, recurso que condensa la angustia del mensaje, haciéndola más abstracta e intensa.

El prólogo y el epilogo sirven de referencia precisa a este balance vital. No son apartados narrativos convencionales, de relleno retórico. Perfilan con plasticidad la mirada que el autor ofrece de un pasado que se recrea en las vivencias directas del moribundo (presentadas en una actitud personal certera y precisa) y de un presente en el que la muerte transforma la angustia del personaje en una variada muestra de impresiones irracionales y oníricas. Esta doble visión de la vida que acaba y la muerte que llega es el soporte que hace de El tercer concierto una obra ambiciosa, de logros plenamente cumplidos.

tracking