Diario de León
Publicado por
NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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Las armas y las letras.

Literatura y guerra civil

(1936-1939)

Andrés Trapiello. Ed. Destino (col.Imago Mundi), Barcelona, 2010. 632 pp.

Q uince años han pasado desde la primera edición de esta obra de Andrés Trapiello, años en los que la incorporación de nuevos documentos y testimonios resulta felizmente apabullante. Muchos lectores se preguntarán de dónde ha podido el autor extraer una documentación de tal abundancia y riqueza, tarea sólo posible si se cuenta con herramientas humanas y eruditas: una atención constante para rescatar textos olvidados y un sabio manejo para integrarlos en su contexto e interpretarlos han hecho posible el milagro. El resultado son estas más de seiscientas páginas, complementadas con un detallado y abundantes corpus gráfico que incluye pies de foto muy orientadores extraídos del texto. A ello se unen un «Final» (que, en el fondo, es un homenaje de una docena de páginas a Manuel Azaña), una «Cronología de la Guerra Civil española» y un «Índice onomástico».

Partiendo de conocimientos e interpretaciones personales respecto a la contienda (y, sobre todo, respecto a muchos de sus protagonistas), Andrés Trapiello traza un detallado panorama geográfico literario de esos tres años terribles de la historia española. Tratando de demostrar en el primer capítulo que los orígenes de la guerra civil tal vez haya que rastrearlos en el espíritu de la Generación del 98, los restantes capítulos se localizan en las ciudades en las que el desarrollo de la contienda tuvo una importancia especial. Después de Salamanca, Madrid se evoca en dos capítulos. El primero está dedicado esencialmente a Juan Ramón Jiménez, José Bergamín y Rafael Alberti, visión la de este último bastante negativa. El segundo tiene como objetivo la semblanza de Pedro Luis de Gálvez, Ramiro de Maeztu y Federico García Lorca. París es el escenario del capítulo quinto, dedicado a los exiliados españoles. Un recuerdo para la gran revista La hora de España, Valencia y Barcelona sirven de contenido al capítulo sexto. Pamplona y Burgos son los siguientes escenarios, con un recuerdo especial de Dionisio Ridruejo y Manuel Machado desarrollado en los siguientes capítulos. El capítulo décimo, dedicado al Congreso de escritores de 1937 lleva al lector hacia esos escritores «que no encontrarán un lugar más apropiado en otros capítulos». El capítulo duodécimo, «que tiene por escenario la ciudad de Barcelona», cierra la obra.

De entre todas las aportaciones más originales de Andrés Trapiello (algunas de cuyas conclusiones pueden ser discutidas por especialistas en el campo de la Historia) tal vez la más sorprendente sea el conocimiento de la vida diaria, tanto en el plano personal de los protagonistas (políticos e intelectuales, sobre todo) como en ciertas actitudes sociales. Es el caso, por ejemplo, de Miguel de Unamuno, a quien Andrés Trapiello admira sin ambages y en quien lleva a cabo una búsqueda afanosa del la intrahistoria, cuyos detalles informativos descubre en las fuentes más inverosímiles e

inesperadas. De su afán por investigar la vida surgen admirables sorpresas bibliográficas, como es la obra del diplomático chileno Carlos Morla y, especialmente, su España sufre, «acaso -” escribe Andrés Trapiello-” el más importante documento del Madrid en guerra » . Con admirable discreción, advierte respecto a la primera edición de la obra citada: «bien empleada será ésta si descubriera a algunos la personalidad de Carlos Morla». Quien escribe estas líneas da fe de lo sorprendente de este descubrimiento y del enriquecimiento literario que supone.

Una lectura reposada de esta última entrega de Las armas y las letras ofrece aportaciones deslumbrantes, especialmente en ese rescate de los detalles humanos, que tanto aportan para entender relevantes sucesos y personajes de la historia oficial. Y la guerra civil española lo es, pese a la tragedia nacional que supuso.

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