Diario de León

Federico García Lorca en Buenos Aires

Federio García Lorca llegó en 1933 a Buenos Aires para una visita de un mes que se prolongó a seis y le permitió conocer, entre otros, a Gardel, a Neruda y enamorarse del tango. Así lo explica la escritora argentina Reina Roffé, autora de la n

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ALFONSO GARCÍA
León

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El interés suscitado en muchas ciudades del mundo por rescatar en sus espacios la presencia de escritores de honda proyección tiene en la singular y hermosa ciudad de Buenos Aires una cita lorquiana inevitable, entrañable también: el Hotel Castelar, en la conocida Avenida de Mayo, a la que los argentinos llaman sencillamente «la avenida», residencia entonces de muchos españoles. No es de extrañar, en este sentido, la rotunda afirmación de Ramón Gómez de la Serna: «Lograr la definición de la Avenida de España es un poco lograr la expresión de Buenos Aires en su relación intrínseca con España».

El lector interesado ya tiene una razón más para la visita. A la entrada del hotel una placa advierte de esta presencia del poeta: «Federico García Lorca (1898-1936). En este hotel vivió durante su visita a Buenos Aires. En el septuagésimo aniversario de su llegada al país, homenaje de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 1933 -13 de octubre- 2003».

La habitación 704

Durante mi última estancia en Buenos Aires decidí alojarme en el Hotel Castelar. No sé si por curiosidad o por una especie de mitomanía incurable. Lo cierto es, de cualquier forma, que, por múltiples razones, no sólo no me arrepiento, sino que añadió a mi devoción por Lorca nuevas claves de admiración.

Para conmemorar el septuagésimo aniversario de la llegada del autor del Romancero Gitano a la ciudad porteña, la sección cultural del hotel convocó un concurso a fin de conocer la presencia del poeta español en la ciudad y en el propio hotel. Fruto de aquella convocatoria, la luz clarifica al visitante que llega a la habitación 704, donde el granadino vivió durante medio año. En una carta a su padre, fechada el 20 de octubre de 1933, escribe: «Luego han venido a verme al hotel (-¦), estoy en el Hotel Castelar de la Avenida de Mayo, uno de los grandes hoteles de Buenos Aires (-¦). Desde luego yo no he visto recibimiento igual». Además de ser cierto, este tono utilizado al escribir a la familia era por la necesidad de mostrarle que por fin empieza a ser reconocido y a ganar dinero; mostraba así a los suyos el reconocimiento por su apoyo y sustento permanentes. Y la verdad es que, invitado por la actriz Lola Membrives, su llegada fue acogida con un inmenso reconocimiento y un éxito sin precedentes, hasta el punto de que la gente le pedía autógrafos por la calle. Su teatro repite llenos clamorosos, incluso gana también mucho dinero con las conferencias, no pocas repetidas, llenas a rebosar. Vive el éxito. La gloria. Me lo explica, con entusiasmo, el responsable del hotel que me acompaña, convencido como está -“testifico los orígenes más insospechados de los devotos y visitantes- de que este espacio empieza a tener algo de santuario lorquiano.

Un encuentro fortuito

La novela de Reina Roffé recrea el encuentro fortuito que mantuvo con el cantante de tangos -“fue Lorca un enamorado del tango- Carlos Gardel una noche de noviembre de 1933, a la salida de un teatro. Desde que llegó a la ciudad, el 12 de octubre, tuvo la oportunidad, además, de compartir charlas e inquietudes con Pablo Neruda, Oliverio Girondo, Amando Villar, Norah Lange, Jorge Largo, Ricardo Molinari, Manuel Fontanais, Isidro Odena-¦

Unos y otros lo buscaron en no pocas ocasiones en la habitación 704 del Hotel Castelar, un lugar privilegiado del mismo, con vistas a la Avenida de Mayo, donde más españoles vivían -“y viven, según me cuentan-. La habitación está precedida de una sala recoleta, de una pequeña antesala. Cuentan que, con ya notable fama en Buenos Aires

-“centro cultural entonces de primer orden y concentrados teatros, salas, actividades-¦ en los alrededores de la famosa avenida-, se hacían largas colas en el pasillo para solicitar del granadino dedicatorias de libros, autógrafos-¦

Precisamente este pasillo que conduce a la habitación 704 está adornado hoy -“y como empeño notable de la recuperación de la memoria aludida- con magníficos paneles explicativos: historia, ambiente, actividades, situación de Argentina y su capital, relieve de la avenida, referencias del hotel-¦, todo ello contextuando la presencia de Lorca. Fotografías, fechas, textos-¦ ofrecen una idea cabal de su estancia en la ciudad.

La antesala, por su parte, está decorada con obras pictóricas alusivas. Ya en la habitación pueden contemplarse, en un ambiente siempre presidido por la sencillez, algunos objetos, fotografías, textos-¦ Me cuentan los responsables del proyecto que estudian decorarla con mobiliario, si no el original, sí de la época, con la intención de ir enriqueciendo progresivamente la calidez de este espacio en que Federico García Lorca vivió medio año de su corta vida. Una foto testifica igualmente la despedida de Buenos Aires, en marzo de 1934, por Radio Sthendor, emisora ubicada precisamente en los sótanos del Hotel Castelar.

Su intención fue siempre volver a Buenos Aires, aunque las circunstancias por todos conocidas cortaron de raíz esta posibilidad. El viajero podrá encontrar parte de su aliento en esta hermosa ciudad que mira al río de la Plata y al mar. Y, seguramente, desde el Hotel Castelar podrá encontrar y disfrutar no pocos otros trayectos. Buenos Aires con Federico García Lorca, en definitiva, supondrá otras alternativas y nuevos descubrimientos.

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