Diario de León

Del recóndito resplandor de la literatura berciana

Publicado por
NURIA SÁNCHEZ VILLADANGOS
León

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Voces del Noroeste. Capítulos de literatura berciana

José Enrique Martínez, Eolas Ediciones, León, 2010, 232 pp.

H omenaje que José Enrique Martínez elabora sobre los escritores Enrique Gil y Carrasco, Ramón Carnicer, Antonio Pereira o Raúl Guerra Garrido que tanto han tenido que ver con la comarca leonesa del Bierzo.

Esta obra metaliteraria, con un cuidado y exquisito diseño tanto de cubierta como de páginas interiores, está compuesta por cinco capítulos. El primero de ellos está dedicado a Enrique Gil y Carrasco como reconocido autor de obras tan emblemáticas como El Lago de Carucedo (1840), Bosquejo de un viaje a una provincia del interior (1843) o El señor de Bembibre (1844). En un acertado ejercicio de indagación bio-bibliográfica, el profesor Martínez intenta resolver la cuestión del porqué el autor de Villafranca prefirió practicar cierto olvido y desprecio hacia todo lo berciano, a la vez que nos ofrece un estudio crítico de El señor de Bembibre , obra convertida en el «mejor exponente de lo que fue la novela histórica del romanticismo español».

El segundo capítulo sorprende por erigirse en una auténtica declaración de intenciones y de reconocimiento hacia la labor literaria e investigadora de Ramón Carnicer, el cual «mantuvo una libertad de pensamiento y una dignidad éticas admirables» que le hicieron ser una «figura independiente, ajena tanto a modas efímeras como a grupos interesados en la promoción literaria y comercial de sus obras». A nadie se le olvida que Carnicer ha sido una figura negada «con pertinacia y mala fe» dentro del ámbito de las letras castellano-leonesas. Este capítulo dedicado a él intenta mitigar esa injusticia.

Por contra a lo vivido por Gil y Carrasco y Carnnicer, Antonio Pereira, objeto de estudio del tercer capítulo del libro, siempre se mostró orgulloso de ser villafranquino y ha sido ampliamente reconocido como «poeta que canta y cuenta y narrador de historias». Sin duda, Pereira, además de «poeta de altura considerable y novelista que avanzó del realismo a la experimentación formal», fue un auténtico maestro en las lides del relato breve donde practicó «su más entrañado mundo literario, un mundo que él ha renovado, ensanchado y enriquecido» a través de la creación de un universo, un clima literario y una voz propios, peculiares y diferenciados.

Por su parte, el capítulo cuarto está dedicado a Raúl Guerra Garrido y sus novelas sobre El Bierzo como El año del wólfram (1984), Viaje a una provincia interior (1990), El otoño siempre hiere (2000) o Cuaderno secreto (2003) que maravillan al lector por «la riqueza de visión, de sugerencias, de recuerdos y evocaciones bercianas».

Finalmente, el último capítulo del estudio del profesor Martínez se centra en Las Médulas como insignia berciana, convertidas en monumento cultural tanto nacional como internacional y germen de un extenso caudal literario que las han hecho protagonistas de múltiples fabulaciones a lo largo de los tiempos. La intención de estas páginas no es otra que «exponer una muestra de ese campo en que memoria, transmisión oral, historia, magia y creencias se mancomunan para dar aliento subliminal al imaginario berciano».

Por todo ello, según José Enrique Martínez, la obra nos conduce a «un paraje y un tiempo añorados: quizás ese paraíso con el que soñamos». Puede ser que la morriña por aquello que se experimentó instantes atrás sea el tiempo real en el que vivimos y acaso también sea cierta la afirmación de Llorenç Villalonga acerca de que «el presente no existe, es un punto entre la ilusión y la añoranza». Ciertamente, un perfecto libro para recordar y recomendar.

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