Diario de León

Vistas desconocidas en el acantilado de la vida

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Amor. Poesía reunida,

1988-2010

Manuel Vilas. Ed. Visor, Madrid, 2010. 296 pp.

JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ

Es Manuel Vilas uno de los poetas de escritura más personal, atractiva, imaginativa y libre del momento presente. Publicó El cielo en el año 2000, Resurrección en 2005 y Color en 2008; ahora los reúne, junto a algunos poemas primeros y unos inéditos últimos, en Amor : no hay mejor palabra para definir esta poesía que expresa el amor a la vida en todas sus manifestaciones concretas, desde el MacDonald-™s y las playas a los hoteles, tan presentes en los versos de Vilas. El propio poeta explica en el prólogo que en último extremo lo que dice su poesía es «que el amor vale la pena y que ser libre, también». De ahí el sentimiento de alegría y hasta de euforia que expresa esta poesía que ha logrado denominación de origen con la «marca Vilas», que, como dice el poeta, «no es más que un deseo de escribir de la forma más libre que me sea dado imaginar». Y esa libertad hace que su poesía se aleje de los cánones tradicionales. Más aún, se aleja del lirismo y de sus tradicionales señas de identidad. No trata el poeta de metaforizar la realidad, sino de nombrarla sin sustitutos de ningún tipo. Realismo vitalista, se ha dicho, poesía no lírica, sino narrativa, escrita para contar, no para cantar. Y para contar la vida lo primero que hace el poeta es situar sus poemas en un tiempo y un lugar precisos, porque la vida no es un abstracto sino lo que a uno le pasa en cada caso. Lo normal es que los poemas comiencen de un modo parecido a estos: «Estuve en el norte de Portugal y me gustaron las autopistas portuguesas»; «Era el 30 de mayo de 2009 / y estaba yo en la Habana», etc. A partir de ahí, el relato, la celebración, la ironía desenfadada, la crítica y la denuncia de las máscaras sociales de todo tipo. Si aparece algo tan lírico como el sentimiento elegíaco, brota por la muerte de un buen amigo a lo largo de años y kilómetros, el coche que va al desguace, con sus «válvulas que han gloriosamente ardido».

A partir de un determinado momento aparece en los poemas el personaje Manuel Vilas, el otro yo mirado en un espejo. Los hechos, biográficos o no, quedan así objetivados; lo que se cuenta son las acciones (es una poesía muy movida), los pensamientos, las gracias, los humores y los amores de ese personaje: los viajes, los deseos de una vida longeva y buena, lo que ve, por banal, lo que bebe (hay mucha copa) y lo que ataca (hay mucho sexo también), el verano, la playa, los cuerpos desnudos, los gustos más que los disgustos, la felicidad de vivir, de decir que la vida merece la pena ser vivida, como si fuera una fiesta, por más que relate los aspectos más oscuros y míseros de lo que nos rodea: los negros que venden cedés por los bares, las bellas camareras cansadas de los restaurantes, etc. En fin, la vida en todas sus modestas dimensiones, sin olvidad su fragilidad; como dice un poema, la vida, la felicidad, el cuerpo, el placer y la belleza. No debe quedar la impresión de una poesía banal. No lo es. Detrás hay otras vidas y saberes tan elementales como el hecho de que la felicidad de unos depende de la miseria de otros. Por lo demás, olvidemos el verso tradicional, el ritmo consabido, etc. Aquí los géneros se confunden, prosa y verso no arbitran sus diferencias y la sensación final puede ser la que siente el propio poeta, que dice que le gusta su poesía, que le da alegría y que, con ella, le entran ganas de vivir.

tracking