Diario de León

Sugestivos asuntos, originalidad y diversidad de los enfoques

Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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Asuntos de amor

Juan Pedro Aparicio. Ed. Everest, León, 2010. 174 pp.

El carácter unitario, desde el punto de vista temático, de estos Asuntos de amor es doblemente sugestivo, porque sugestivos son de por sí tales asuntos y menesteres y por la originalidad y diversidad de los enfoques. Y es que el conjunto de estos relatos y microrrelatos (once y veintinueve, respectivamente), en el que se supone cierto carácter autobiográfico, habla sobre el amor, sobre los amores, el desamor, el exceso de amor, la falta de amor, el amor que no se reconoce como tal, los equívocos del amor, sus exigencias y malentendidos-¦ Humor, ternura en no pocas ocasiones, erotismo sutil-¦ son razones que atraen por su mezcla y por la ironía con que se dosifica su composición, lo que conduce a la fluidez de la sorpresa que mantiene el disfrute de la lectura. Y es que, además, el amor, siempre gozoso, pero indescifrable y enigmático también, alimenta deseos y sueños, quizá como contraposición a lo irreversible, a «lo que no vuelve, el tiempo ido». De ahí que el autor regrese también a la ingenuidad de los primeros amores, a la pasión de los amores jóvenes, a esa súbita, misteriosa y quizá simbólica transformación de doña Antidia en cenizas-¦

Cuarenta variaciones, en definitiva, sobre el amor, siempre renovado y siempre el mismo, a los textos ya publicados -”sin este sentido unitario que ahora tienen-” se añade media docena inédita que conforma un todo espléndido. Cuentos y microrrelatos ( cuánticos estos, según la propuesta de Aparicio). Así entiende nuestro escritor el cuento y el cuántico: «El cuento es aquella narración que empieza pronto y termina enseguida. El cuántico ha de empezar por tanto antes y terminar también antes, lo cual es casi un milagro, un milagro de elipsis. Por cierto, que ahí está, a mi juicio, la clave del género, en la elipsis, y probablemente también en el humor».

El lector gozará con el milagro, o con el divertimento, de la elipsis, de la depuración, de la estilización de la historia que conduce, inevitablemente, a la complicidad. Una verdadera y precisa filigrana en que se aprecian hermosas conquistas del lenguaje, desde la economía consciente y responsable de la lengua a sus referentes potenciales aunque implícitos. Está aquí condensada la fuerza de los significados, con las derivaciones que frecuentemente conducen al humor. Un sinfín de sensaciones y sabores concentrados. En el cuento, sin embargo, será la frase larga la que cautiva, la que a mí me cautiva al menos, con la capacidad de crear un mundo y sus detalles a través de la subordinación sobre todo, con precisión no rebuscada, con la facilidad de quien traba una conversación de amistosa coloquialidad.

Estamos, en fin, ante una obra que merece la pena ser leída. En ella Juan Pedro Aparicio, con voz propia y de obra sustantiva, confirma, una vez más, que es un magnífico contador de historias. Un magnífico escritor. O las dos cosas, que nunca sé si son la misma.

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