Diario de León

Una historia en la aldea marinera gallega llamada Brétema

Publicado por
MARTA PRIETO SARRO
León

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Todo es silencio

Manuel Rivas. Ed. Alfaguara. Madrid, 2010. 246 pp.

Hay muchas maneras de abordar la realidad. Por esa razón, quienes se acerquen al último libro de Manuel Rivas esperando encontrar en él simplemente un relato de acontecimientos, apenas una descripción de hechos o circunstancias, no serán capaces de entender lo que contiene: Todo es silencio es literatura, una fábula extraordinariamente hermosa y trágica, aunque la tragedia la provoquen los sentimientos de los personajes y no el contrabando o el narcotráfico, como cabría esperar en una novela que gira precisamente en torno a ese asunto.

El contexto en el que Manuel Rivas sitúa su historia es una aldea marinera gallega llamada Brétema que, aunque inexistente con ese nombre, puede ser situada fácilmente en la geografía por las referencias, suficientes en cualquier caso, a la Serra do Barbanza o al monte de la Curota. El relato surge de la mano de Leda, Brinco y Fins, protagonistas que se hacen adultos ante los ojos del lector, niños que dejan de serlo en un ambiente que solamente conoce una dirección: el contrabando. Al frente del mismo, Tomás Brancana, Mariscal , hombre con latinajos constantes en la boca, recuerdo de sus tiempos de estudiante en el seminario de Tui de donde escapa perseguido por una turbia y pocas veces aclarada historia; hombre criado en el estraperlo de la posguerra y curtido en otros tráficos infames.

La prosa (¡con cuánta poesía a veces!) de Manuel Rivas consigue que, con solo cerrar los ojos, el lector sienta los sonidos, las luces y los silencios del Ultramar, la posada, cine y salón de baile de Brétema que regenta Rumbo, padre de Brinco; y el silencio que se hace en el mar con la muerte de Lucho Malpica, padre de Fins; y la soledad de Antonio Hortas, padre de Leda-¦ Adultos que fueron en otro tiempo niños en la Escuela de Indianos (en cuyo suelo estaba representado, a modo de planisferio, el mundo) en la que se guardan secretos y en la que han de comenzar muchos años después, de la mano de Mariscal, nuevos silencios: os habent et non loquentur ; oculos habent et non videbunt ; aures habent et non audient ...

Todo es silencio rezuma galleguidad por los cuatro costados. Porque el castellano de Manuel Rivas no se desprende (¿acaso porque no se intenta?) de esos giros tan propios, tan expresivos de la lengua en la que escribe y que suenan a los oídos a ella ajenos dulces y suaves, sonoros e inconfundibles. De hecho, hay claves que el lector castellano hablante no posee y le son necesarias: por ejemplo, que brétema (en la novela nombre propio de lugar) es el nombre gallego para la niebla; o que el título, Todo es silencio , es la traducción de un verso de Rosalía de Castro perteneciente a su último libro de poemas, publicado poco antes de su muerte. Y que en el verso, la palabra silencio estaba escrita silensio, con ese . (Aquelas risas sin fin / Aquel brincar sin dolor / Aquela louca alegría / ¿Por qué acabou? / Todo é silensio mudo, soidá, pavor / ond´outro tempo a dicha sola reinou).

Imposible no disfrutar con esta novela de Manuel Rivas, a pesar de que alguno malos no consigan hacerse del todo odiosos.

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