Diario de León

Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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Un invierno propio

Luis García Montero. Ed. Visor, Madrid, 2011. 182 pp.

En su último libro, Un invierno propio , Luis García Montero recurre al simbolismo del invierno en lo que supone de frío externo e interior, momento de precariedad, también de latencia, acaso porque se espera un tiempo mejor. La poesía de García Montero no es ni ha sido un canto banal, porque el poeta piensa que, en cuanto tal, también puede intervenir, por más que el poder de la poesía (político, moral) sea menguante. Lo digo, además, porque el subtítulo del libro, Consideraciones , nos hace ver que en esta poesía hay siempre un pensamiento desarrollado a lo largo de cada pieza y que ese pensamiento es moral, relativo a la acción conforme decía don Quijote: «No es un hombre más que otro si no hace más que otro». Hacer más que ser. Y lo primero que hace García Montero es cuestionar la identidad, ese «mi nombre es Luis» con que se abre el poemario y ese «todo es raro y difícil / como sentirse Luis», con que se cierra, con un eco lorquiano. «¿Quién soy yo?» dice escuetamente otro poema.

Los títulos de los poemas son largos, sentenciosos y contundentes: «La poesía sólo existe como una forma de orgullo», «La tristeza del mar cabe en un vaso de agua», «La dignidad es la huella de la conciencia». En alguna ocasión escribió el también poeta Juaristi que lo menos que se podía pedir a un poema era que contuviera una idea, aunque sólo fuera una. En cierto modo estos títulos sintetizan aforísticamente la idea que el poema desarrolla, la idea moral que colinda con la verdad. Una idea puede ser esta: «Me niego a la impostura / de una verdad que vive sin pedirme opinión». En dos versos ha resumido el poeta su oposición a dogmatismos, consignas y convenciones y su apuesta por el pensamiento crítico. La palabra «verdad», que aparece y reaparece, se compadece bien con la poesía de García Montero, acaso porque, como dice, «escribo para que me lean, / y cuido las palabras, y persigo / la realidad en sus significados».

Una de las verdades del hombre es el amor, «mi única razón, mi patrimonio», único sentido también del existir, pues «la vida no compensa de la muerte / si no es porque el amor le dio sentido al tiempo». Hay en Un invierno propio poemas fervorosos, entregados, como el titulado «Hay hombres que parecen un paisaje», construido por medio de la expansión del símil, procedimiento que se repite en otros poemas, como el que comienza: «A veces los insomnios se comportan / como trenes pacíficos», hermosa pieza de amor a la vida y sus bondades (la amistad, el recuerdo y los sueños plácidos...). Es conveniente decirlo: la vida palpita en esta poesía, con sus señales, la soledad, los bares hospitalarios, la piel amada, los seres ocasionales, y con una presencia que da intimidad a lo que es de uno y se comparte con ella. De ahí que la soledad -”«descubre que ser libre es estar solo»-” sea una soledad llena. La poesía, o sea la soledad, es una casa con presencias, con otras soledades, con otras vidas compartidas: una soledad solidaria.

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