«La Pasión» de Gómez Domingo
Es curioso comprobar cómo la historia se repite, cómo incurrimos en aquello que criticamos, cómo el hombre que hoy consideramos un monstruo, poco tiempo atrás merecía nuestro aprecio y respeto. A veces me asombra y otras me horroriza descubrir

Pintor de miradas, Gómez Domingo presenta a un Dios «más cercano a nosotros y no por eso menos
Y es que tanto los ingenuos, aquellos que defienden lo vital y fomentan la generosidad en las relaciones sociales, como aquellos otros que, guiados por el ansia de poder, engañan, desprecian y traicionan, atribuyen a sus semejantes rasgos de su forma de ser, pensar y actuar. Así pues, el conocimiento de la vida, de lo ajeno, con sus defectos y cualidades, es fundamental para la defensa y desarrollo de una sociedad más justa. La dureza en la defensa de la veracidad no implica falta de bondad, sino firmeza.
A pesar de que la verdad implica conocimiento, a nadie le gusta que le canten las verdades ni asumir responsabilidades que fácilmente eludimos amparándonos en los condicionantes de la sociedad o la época que nos ha tocado vivir. Y así vamos saltando de pozo en pozo, disfrazando nuestra debilidad con siglas y nombres, admirando su fuerza y su grandeza, acuñando sus ideas y menospreciando las propias, enorgulleciéndonos de sus hazañas y logros y enterrando lo que somos, creyendo y admirando lo que no comprendemos y menospreciando el sentido común, que debe ser la guía de nuestra vida.
El ser humano ha rechazado la honradez, el valor, la sencillez y el contacto vital para transformarse en un estúpido, un estereotipo al servicio del estado. Sacrifica su libertad individual, su capacidad para pensar y decidir por sí mismo, para congratularse con aquellos que admira porque no entiende, los mismos que le han vendido que la masa está en posesión de la verdad por ser masa.
Sólo hay que darle un poder extraordinario a un hombre común para que se transforme en un tirano, en una bestia, para que su alma de cordero desarrolle toda su ferocidad con sus semejantes y su conciencia, abanderando una causa común, quede liberada de la autocrítica y con la inmunidad necesaria para llevar a cabo cualquier empresa por descabellada que sea. Y es que la autoridad y la inmunidad van parejas, razón por la cual el hombre ambiciona el poder.
Un pensamiento correcto y duradero
Estamos tan acostumbrados a mirarnos el ombligo que no somos capaces de discernir el hombre extraordinario, su modo de ser, su anhelo, su trayecto, su sufrimiento, su lucha. No entendemos que existan hombres que deseen que seamos libres, honestos, que no buscan nuestra opresión ni nuestro servilismo. Estos hombres, que nos resultan ajenos, extraños, son sencillos y rectos, no se mofan de nuestros defectos o debilidades, pero sufren por ello, no usan tácticas para engañar a los demás, como nosotros, sino la verdad. Los tememos porque nos conocen y nos descubren con solo mirarnos. Les tildamos de locos o anormales porque su pensamiento es correcto y duradero y el nuestro insignificante y efímero. Preferimos un Dios dictador a un Dios basado en el amor, un Dios que sufra como humano, y como humano sienta la soledad y el miedo a ser malentendido y maltratado por nosotros. Siempre estamos al lado de los perseguidores y nunca vamos en defensa de los perseguidos, siempre estamos prestos a arrojar la piedra y esconder la mano, a coger donde se nos da y a dar donde se nos exige. Erigimos ídolos que se nos parezcan, que tengan nuestro lenguaje, cualidades y defectos. Menospreciamos a los que ofrecen su inteligencia al servicio de los demás, aquellos que no se vanaglorian de sus éxitos y que humilde y sinceramente ponen lo mejor de sí en lo que hacen.
Y es la Humanidad de Dios lo que Gómez Domingo refleja en su exposición La Pasión , que podemos contemplar aún hoy -“el último día-” en la Sala que la Obra Social de Caja España tiene en Astorga.
La exposición está compuesta por veintidós cuadros de gran formato. Los dos primeros cuadros están inspirados en la película de La Pasión de Neil Gibson, donde se desvela la humanidad de ese Dios que siente, padece, duda, sufre, acata, perdona. El dolor, la resignación, la angustia, el deseo de que todo termine, la amargura, la paciencia, la soledad, la tristeza reflejan un Dios que se congratula con nosotros y con el que nos identificamos. El resto de la obra, el Vía Crucis, surge como una necesidad del pintor por dar a luz, a través de un tratamiento técnico concreto, un tema trascendental.
Pintor de las miradas
En esta exposición, Gómez Domingo aúna la abstracción, reflejada en la expresión plástica, tanto en la técnica como en la estructura de la obra y la figuración, donde el pintor se sirve de un mínimo de referencia figurativa para transmitir su idea.
La incáustica es visible en toda la obra, aunque no en todos los cuadros está trabajada con la misma técnica. También se observa el uso del acrílico y el carbón que le confieren un fuerte dramatismo y con los que consigue mayor riqueza en las texturas.
Gómez Domingo traduce en los gestos, trabajados con soltura y gran expresividad, las vibraciones que nos limitan y nos definen. Contrastando con la humildad y la humanidad de Dios, evidencia la agresividad del ser humano, atizada, en muchas ocasiones, por intereses políticos o sociales y en otras, alimentada por las frustraciones, la envidia y la ignorancia.
Pintor de miradas, Luis Gómez Domingo, artista comprometido y creador apasionado, va deshaciendo en La Pasión esa imagen del Dios omnipotente y omnisciente para desvelarnos al Dios hecho hombre, más cercano a nosotros y no por eso menos querido.