Diario de León

Publicado por
NICOLÁS MIÑAMBRES
León

Creado:

Actualizado:

El agujero de Helmand

Carlos Fidalgo. Ed. Menoscuarto, Palencia, 2011. 100 pp. Premio Tristana de Novela Fantástica

No es frecuente encontrar una obra de esta brevedad que incluya tantas sugerencias. Estamos ante una feliz paradoja literaria: una bella y periodística forma de expresión que esconde un contenido polisémico, planteado de forma subliminal. De ahí la necesaria sensibilidad con la que el lector debe acercarse a estas páginas. Narradas en primera persona (con abundancia de blancos que obligan a una lectura reposada y reflexiva), Averille, el narrador-”protagonista, sufre la experiencia de una guerra vivida desde su condición de soldado profesional. Averille, un soldado norteamericano de raza negra, no responde al estereotipo de la brutalidad, tan frecuente en estos cuerpos de élite. Ha hecho estudios universitarios y su formación le permite superar la dureza del escenario en el que lleva a cabo su experiencia («aquí sólo hay polvo y viento (-¦). Aquí sólo hay muerte») con el recuerdo de la imagen de Alejandro Magno, presente en el espacio desolado de La Roca, decisivo en la novela.

La soledad es el sentimiento que martiriza a Averille, llevándolo a subjetivizar intensamente ese paisaje áspero y desolado. En él, sólo una humilde y fantasmagórica población, Hassan Abad, rompe la monotonía. La soledad espacial se corresponde con la humana; el barbero es el único personaje a quien conocemos de ese villorrio fantasmal. No es más agradable la convivencia militar, en la que sobresale la condición primaria del sargento Ramírez, de oscuro pasado.

En la obra hay un sutil aprovechamiento del sentido del tiempo. El dramatismo del presente queda aliviado por la ensoñación del pasado, del que Averille rescatará un simbólico tesoro, una moneda antigua que imagina acuñada en tiempos de Alejandro. El sentido del tiempo circular, decisivo para entender el desenlace, ofrece interpretaciones relacionadas con profundos conceptos científicos. Desde esta perspectiva alcanza su significado esencial el desenlace de la obra, cuando Averille piensa en el río Helmand: «No es una serpiente, es un gusano (-¦). Un gusano que está abriendo un agujero. Por aquí se escapa el tiempo» (p. 94).

Los elementos apuntados, mera referencia simbólica, pueden servir para recordar unos contenidos cargados de simbolismo y llamativas connotaciones, un rico trasfondo poco habitual en las obras que inundan el mercado español.

tracking