Diario de León
León Felipe. Monumento erigido en memoria del poeta en su pueblo natal, Tábara.

León Felipe. Monumento erigido en memoria del poeta en su pueblo natal, Tábara.

Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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Cuentan los que saben del asunto -“no sirve cualquier pregonero que busque sólo llevar el agua a su molino, generalmente por razones de énfasis político-” que, a pesar de que nunca se ha leído tanto como ahora, los Planes de Lectura suponen actualmente el mayor desafío de las culturas públicas. La razón, claro está, reside en que vivimos en un mundo esencialmente cambiante en que, por ejemplo, las nuevas tecnologías imponen cambios inevitables. Y con ellos, nuevos retos.

Se lo oí, con estas o parecidas palabras, a una investigadora argentina cuyo nombre lamento no recordar ahora. Y es que, con frecuencia, confiamos muchos datos a la memoria, sin pensar en ese momento que, pasados unos minutos, la memoria aplica sobre sus dominios un borrador implacable para dejar nuevos espacios y borrar nuevamente. Los filósofos tomistas emplearían otra terminología que, para evitar latines, evito reproducir.

Sea como fuere, lo cierto es que, según convicción de la profesora referida, siempre es la libertad de elegir la que se debe provocar, propiciar. «No sé qué dirección debe tomar -“las palabras están ahora transcritas tal cual-”, pero la labor de quienes dirigen estos proyectos es abrirles todas las puertas posibles».

Se refería especialmente a los jóvenes, a cuyo tramo de menos de dieciocho años definía como «la Generación Multimedia», que tiene una percepción y uso simultáneo y fragmentado de la realidad a través de la pantalla. De tres pantallas, mejor: el móvil, la tele y el ordenador. Y, curiosamente, frente a los que se asientan de forma exclusiva en el monopolio del papel, decía que estos usuarios jóvenes -“también los definió como la Generación de las Tres Pantallas-” asumen la realidad más completa y de forma natural.

Por supuesto, ni quito ni pongo peón. Solamente lo escribo, lo transcribo para que no queden las notas olvidadas en una libreta. Las tomé en la última Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), donde, como en todas estas citas, tanto aprendes si buscas.

S in buscarlo, allí conocí a un sobrino-”nieto del poeta zamorano León Felipe (1884-”1968). Es el único eslabón familiar en la capital de Jalisco, donde vive, desde no hace mucho tiempo, procedente de Monterrey.

El poeta que advirtió «Españoles: / el llanto es nuestro / y la tragedia también, / como el agua y el trueno de las nubes» no superó nunca la crisis de la ausencia de España. Suena, una vez más, a la tragedia de aquella España inmisericorde y a la generosa acogida dispensada por México.

Se lamenta el sobrino-”nieto de que León Felipe no hubiera ejercido en aquel país su profesión de farmacéutico. Y de que hubiera vivido casi de milagro, al amparo de la familia y de la escritura, pero siempre en condiciones precarias. Es más. Incluso llegó a recibir ayudas de manutención por parte del gobierno mexicano, que él repartía inevitablemente entre los vecinos, «más necesitados que yo». Siempre el dolor como testigo y compañero: «No he venido a cantar. / No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra. / No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente / para que me canonicen cuando muera. / He venido a mirarme la cara / en las lágrimas que caminan hacia el mar, / por el río / y por la nube-¦ / y en las lágrimas que se esconden / en el pozo, / en la noche / y en la sangre-¦».

Se lamenta el familiar de que el gobierno mexicano hubiera utilizado la figura del poeta español y de haberse apropiado de no pocos documentos tras su fallecimiento. Otros muchos e interesantes, sin embargo, obran en su poder y le gustaría que estuvieran en España, como sus restos. Es lo que desea y lo que, al parecer, expresó a las autoridades autonómicas y nacionales presentes en la Feria. Me cuenta, cerrando la conversación, que, por ejemplo, Israel le ofreció aquella tierra como lugar de acogida y de dignificación personal. Lo rechazó «porque su sueño y su amargura fue España. La dignificación de su persona y su obra merecen el retorno definitivo».

Queda escrito.

Ni quito ni pongo peón. Tampoco. Sólo deseo que León Felipe sea leído. En papel o en pantalla, que las nuevas generaciones traen aires frescos. Otros aires.

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